Llegamos al Beatties y Liam se
bajó de la moto, me bajó rápidamente y prácticamente me arrastró dentro. Guau,
sí que había cambiado desde la última vez que fui allí. En realidad ni me
acordaba de cuándo fue la última vez, pero supongo que sería con unos siete u
ocho años.
-Te dije que no lo sabías todo
sobre el Beatties.-Comentó Liam viendo mi cara de asombro mientras pasábamos
por las diferentes tiendas y restaurantes que había dentro.
-Hacía mucho que no pasaba por
aquí.
-Ya se ve. Ven, te voy a enseñar
un sitio que solo conozco yo.-Dijo mientras agarraba mi mano de nuevo y me
llevaba hacia unas escaleras de emergencia.
-¿Dónde vamos?-Pregunté mientras
subíamos.
-Ya lo verás.
Me mantuve en silencio durante
ese corto trayecto, en el que pasamos por recovecos escondidos, a través de
puertas chirriantes y oxidadas, hasta llegar a una especie de sótano lleno de
cajas polvorientas, papeles y demás. En frente de nosotros había un ventanuco
que alumbraba parte de la habitación. Me acerqué allí y descubrí que estábamos
en el tejado del Beatties, desde donde se veía todo el barrio.
-Guau, es… ¿Cómo lo
descubriste?-Pregunté asombrada sin poder dejar de mirar a través de la
ventana.
-Antes me pasaba las tardes aquí,
es un buen sitio para pensar y estar en silencio.
-Y para acumular cosas.-Contesté
mientras me giraba hacia una caja y la abría lentamente.
-Aquí dejaron todo el material de
las antiguas tiendas de aquí. Es como un almacén, pero ya nadie lo utiliza.
-Tú sí.-Cogí un marco de plata
lleno de polvo de aquella caja y pasé la mano por el cristal.
-Y ahora tú también.-Sentí la
respiración de Liam sobre mi cuello, lo que hizo que me estremeciera.
-¿Se lo puedo contar a
alguien?-Dije tragando saliva y apretando el marco con las manos.
-Será nuestro pequeño secreto.
¿Vale?-Respondió susurrando.
-Va…Vale.-Estaba temblando, tener
a Liam a esa distancia de mí, en un sitio que solo nosotros dos conocíamos,
solos y prácticamente a oscuras me asustaba. Y me encanta al mismo tiempo.
-Tengo una idea.-Dijo alejándose
de mí.
-¿Qué idea?-Me giré y dejé el
marco encima de la caja.
-¿Y si recogemos todo esto y lo
convertimos en algo más… acogedor?-Pude apreciar su sonrisa a pesar de la
oscuridad del cuarto, lo que me hizo sonreír a mí también.
-Creo que primero tendríamos que
limpiar todo este polvo.-Dije pasando dos dedos por encima de la ventana,
haciendo que se quedaran grises, y se los enseñé.
-Buena idea. Voy a por unos
trapos y un plumero.-Señaló colándose por el hueco que había como entrada a aquel
lugar.
-¿Dónde los vas a coger?-Pregunté
hurgando en otra caja y sacando una linterna sin pilas.
-¿En una tienda de limpieza?-Contestó
mientras terminaba de colarse y desaparecía de mi vista.
Estaba eufórica, y asustada al
mismo tiempo. No podía creerme que estuviera a solas con mi amor platónico en
un desván, a oscuras y sin nadie que nos molestase. Me asustaba la idea y al
mismo me parecía perfecto. Pero, ¿cómo reaccionaría si se volvía a acercar a mí
de la forma en la que lo había hecho antes? Me había puesto a temblar, y me
apuesto lo que sea a que lo había notado.
Intenté relajarme poniéndome los
cascos con “Teenage Dirtbag” mientras inspeccionaba las demás cajas, repletas
de objetos de plata, ropa, herramientas y todo tipo de cosas, nos vendrían muy
bien para la reforma.
Agrupé todos los objetos útiles
en la caja vacía más grande que encontré tras quitarles el polvo con una sábana
blanca, que antes cubría un sofá viejo.
Estaba tan absorta limpiando
cosas mientras escuchaba y cantaba la música a todo volumen que no me di cuenta
de que Liam había vuelto y me estaba observando hasta que le escuché reírse. Me
quité rápidamente los cascos y cerré la boca.
-Cantas muy bien.-Dijo sentándose
en el suelo frente a mí.
-No can…-Iba a rechazar el
cumplido cuando Liam levantó la ceja, así que me limité a decir “gracias” con
una sonrisa tonta en la cara y seguí limpiando objetos.
-Veo que has encontrado varias
cosas útiles.-Continuó cogiendo una linterna de encima de la caja.-Lástima que
no tenga pilas.
-Ya, mañana las traigo.-Contesté
dejando el jarrón que estaba limpiando y cogiendo una llave inglesa.
-¿Ah, que vamos a volver mañana?
-¿No quieres?
-Sí, por supuesto, pero pensaba
que tú no.
-Pues ya ves…
-Bueno, voy a ir limpiando un
poco el polvo de… Todo.-Dijo mirando a su alrededor.
Cada uno continuamos limpiando
las cosas durante varias horas, hasta que lo dejamos todo sin una mota de
polvo.
-Hacemos buen equipo.-Me dijo
Liam tirando el plumero empolvado de gris y el trapo al suelo, y sentándose en
el sillón viejo.
-Sí, cuando acabemos con esto va
a ser genial.-Comencé a decir mientras visualizaba cómo podría quedar ese
antiguo desván.- Allí. -Dije señalando una esquina.-Irá un lámpara que
alumbrará todo el desván. Al lado de la ventana irá una mesita con… cosas. Y
aquí, en el sofá, pondremos unos cojines y una sábana bonita por encima. Y para
decorar colgaremos lucecitas redondas por el techo.-Hice una pausa y
añadí.-Podríamos traer una estufa y mantas para el invierno. Por si hace frío.
-Me parece una idea fantástica
Gin.-Contestó sonriente.
-Lo siento si te he aburrido, mi
cerebro, que se monta sus historias y luego suelto tonterías.-Dije bajando
ligeramente la cabeza.
-A mí me encantan tus tonterías.
Son unas tonterías interesantes.
-Gracias.-Sonreí.-Por fin he
aceptado un cumplido.
Liam se echó a reír, con esa risa
tan adorable y dulce que tiene, y que hizo que me derritiera por dentro.
-Se está haciendo tarde.-Dijo
tras terminar de reírse, y se levantó del sofá.-Tu hermano estará preocupado,
será mejor que te lleve a casa.
-¿Mi hermano, preocupado? ¿Por
quién le tomas?-Contesté riendo. Me levanté y me sacudí mis pantalones rojos.
-Anda vamos.-Liam pasó por el
hueco de la entrada y yo le seguí. Salimos del desván en un abrir y cerrar de
ojos y aparecimos en un Beatties más luminoso y lleno de gente.
-Espera aquí, tengo que coger una
cosa.-Soltó Liam mientras me dejaba parada en frente de la salida y se iba
corriendo entre la gente.
Esperé durante unos minutos y
como vi que no volvía salí al aparcamiento y me apoyé en su moto. Al poco rato
vi a Liam salir con una cajita en la mano y buscarme con la mirada por el
aparcamiento, en cuanto me vio sonrió y vino con paso rápido hacia mí.
-Te dije que me esperaras allí.
-Estabas tardando mucho, igual te
robaban la moto.-Respondí mordiéndome el labio.
-Bueno, da igual. Esto es para
ti.-Continuó dándome la cajita que llevaba en la mano.
-Ohh, que majo.-Dije sonriente
mientras la abría, y descubría que eran unas pilas AA para la linterna.-No
hacía falta que me regalaras pilas.-Añadí poniendo cara de sorpresa.
-De nada.-Contestó encogiéndose
de hombros.- Ya tenemos otro paso dado en nuestra súper reforma.
Sonreímos como niños pequeños a
los que les acababan de regalar una piruleta, sin darnos cuenta, felices y sin
nada que pudiera ponernos de mal humor en aquellos momentos.
-Bueno, te llevo a casa
Ginger.-Dijo finalmente Liam subiéndose a la moto.
-Puedes llamarme Gin.
-Está bien, Gin.
Me senté en la moto y cuando me
di cuenta ya estábamos en mi casa. Me bajé sin muchas ganas de la moto y me
planté frente a Liam antes de entrar.
-Gracias por traerme. Y por lo
del desván. Y las pilas. Y los cumplidos.-Sonreí tímidamente.
-De nada, gracias por las
escaleras. Y la idea del desván. Y bueno, todo.
-Da nada, supongo.
Nos quedamos en silencio. ¿Y
ahora que hacía? ¿Le besaba en la mejilla? ¿Me iba sin decir nada? ¿Le decía
que me encantaba? Obviamente no iba a hacer lo tercero, pero me encantaría que
lo supiera.
-Bueno… Nos vemos mañana,
¿no?-Dijo Liam de repente.
-Sí, claro. Y podemos ir al
desván, llevo algunas cosas en la mochila y después del instituto… Podríamos
ir.
-Perfecto, te veo allí.-Liam se
acercó a mí y me dio un beso en la mejilla, sonrió y se fue en la moto a toda
velocidad.
-Me encantas…-Susurré mientras me
tocaba la mejilla con la mano y sonreía como una tonta. Enamorada de él, hasta
los huesos.
FIN DEL CAPÍTULO 4
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