viernes, 27 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 3: LAS COSAS CAMBIAN, Y LAS PERSONAS



La melodía de “Crazy Kids” de Ke$ha me despertó a las siete de la mañana. Venía de mi móvil, así que lo cogí todavía dormida y gruñí al auricular.
-¡Gin! Tía, hoy tienes que venir pronto a clase, por favor te lo pido.-La voz de mi amiga Barbara se oía alta, tal vez demasiado para la hora que era.
-¿Por qué? Toca mates, no merece la pena.-Dije yo desperezándome y escurriéndome fuera de mis sábanas de color morado para ponerme las zapatillas.
-Ya, pero Liam me ha llamado y me ha dicho que te diga que quiere verte esta mañana antes de entrar a clase porque Jeff no le dijo a qué clase ibas. Cuanto verbo decir.-Soltó lo más rápido que pudo. Al oír “Liam” me desperté del todo, el corazón se me aceleró un poco y noté que las mejillas se me encendía. Guau, sí que me gustaba.
-Bueno Barbie, voy pronto. Adiós, tengo que ponerme guapa.
-¿Guapa por qué? Y siempre vas guapa, idiota.-Dijo riéndose al otro lado del auricular.
-Por… No sé. Quiero ir guapa.-Mentí.-Un beso Barbie, luego te veo.
Colgué rápidamente y fui hacia mi armario. ¿Qué me ponía? No quería que se notase un cambio muy radical, o Barbie me acosaría a preguntas, pero tampoco quería ir como siempre, ya la cagué bastante ayer, y hoy pensaba remediarlo aunque solo fuera un poco.
Al final me puse mis vaqueros pitillos rojo kétchup, con una camiseta con letras blancas que ni me molesté en leer, unas vans negras y un gorro rojo adornando mi pelo del mismo color. Simple, pero efectivo.
Cogí mi móvil y bajé corriendo a desayunar, aunque al final sólo tomé un café, como siempre. Cuando estaba subiendo las escaleras me encontré a mi madre bajando por ellas.
-Buenos días hija.-Dijo sonriente, no sé cómo seguía haciéndolo después de todo por lo que había pasado.
-Buenos días mami.-Respondí dándole un beso en la mejilla.
-¿Por fin te has decidido a llegar pronto al insti?
-Sí, hoy me apetece aparentar ser buena estudiante.-Ironicé.
-Buena suerte, ¿hoy tienes algún examen?-Preguntó cruzándose de brazos.
-Emmm… No.-Mentí. No tenía ni idea de os exámenes que teníamos.
-Genial, pásalo bien. Adiós Ginny.-Me dio un beso en la frente y se fue escaleras abajo, cogió su chaqueta y salió por la puerta. Hacía mucho que no me llamaba Ginny, solía decírmelo cuando era más pequeña. Recuerdo que me enfadaba cuando me llamaba así delante de más gente, me ponía de los nervios. Pero tiene gracia, ahora lo echo de menos.
Terminé de subir las escaleras y fui al baño a lavarme los dientes y la cara, peinarme y demás. Esta vez me dejé el pelo suelto, con el gorro no quedaba nada mal. Me miré como un millón de veces al espejo, y finalmente salí de casa en patinete.
Llegué más pronto que otras veces gracias a él, podía ir el doble de rápido y se podían coger atajos a través de callejuelas paralelas a las calles principales, que estaban a rebosar de gente.
Eran las ocho cuando llegué a la puerta del instituto, y allí estaba Liam, apoyado en la pared, tan guapo como siempre, más bien como ayer.
De repente giró la cabeza, me miró, sonrió y vino hacia mí. Se me aceleró el corazón de nuevo y me mordí el labio inferior, que había empezado a temblar ligeramente.
-Hola Gin.-Dijo sonriente.
-Hola Liam.
-Pensaba que no ibas a venir. Barbara me ha dicho que odias levantarte pronto, y mucho más venir al instituto.
-Ya… Bueno, me ha dicho que… Que querías verme y eso. Pensé que era importante o algo. No sé.
Liam se rio, y eso hizo que me pusiera más nerviosa de lo que estaba. Me estaba matando, quería saber de qué se trataba.
-Ginger… Ayer tu hermano me dijo algo que me dejó algo… Descolocado.
-¿Qué te dijo?-Noté como mis mejillas se volvían rojas, dios, qué vergüenza.
-No tienes que ponerte roja a no ser que quieras que tu cara vaya a juego con tus pantalones.-Dijo sonriente.
-¿Qué te dijo Liam?-Insistí poniéndome una mano en la mejilla.
-Bueno, supongo que será una broma, pero me dijo que estabas enamorada de mí. ¿Te lo puedes creer? Tú y yo, qué locura.
En ese momento me rompí por dentro, ¿tan malo se lo imaginaba? Sonreí lo mejor que pude y dije:
-Sí, qué locura…
Apoyé todo el peso de mi cuerpo sobre una pierna y me crucé de brazos. ¿Por qué tenía que ser tan perfecto y yo tan… yo? No era justo.
-Tengo una idea.-Dijo repentinamente Liam, que me estaba mirando fijamente a los ojos.
-¿Cuál?-Dije nerviosa.
-Vamos a ir al skate park, y me vas a enseñar a saltar esas escaleras.
-Nunca pensé que diría esto pero… Tenemos clase.
-¿Desde cuándo te importa que haya clase? No te conozco muy bien, desde ayer en realidad, pero por lo que me han contado…-Dijo inclinando la cabeza.
-Tienes razón. Vamos.-Cogí el patinete con la mano y tiré mi mochila sobre unos arbustos para esconderla hasta que volviésemos.
-Por cierto, bonita camiseta.-Dijo señalándome con el dedo.
Miré hacia mi camiseta y leí lo que ponía: Perfect Boys Only Exists In Books. Qué error. Él era perfecto, aunque no lo supiera. Me limité a sonreír y dije:
-Gracias. Me pareció un buen mensaje.
-Lo es.-Contestó asintiendo con la cabeza.-Será mejor que nos vayamos, a este paso van a pillarnos si no salimos de aquí.
-Pues será mejor que corramos, porque van a dar las ocho y media.-Dije enseñándole mi reloj.
-Vamos.-Me cogió de la mano y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Me llevó detrás del instituto, donde había un montón de coches y motos aparcadas. Sacó unas llaves del bolsillo de su pantalón y se dirigió a una moto negra algo vieja. Encima tenía moto, eso sí que era un chico de matrícula.
Liam me lanzó un casco, el único que había, y se subió a la moto.
-No voy a llevar casco si tú no lo llevas.-Dije pasándoselo de nuevo.
-¿Te crees que voy a dejar que te subas sin protección?-Me lo lanzó de nuevo.
-¿Te crees que me lo voy a poner si tú no llevas?-Se lo pasé otra vez.
-Cabezota.
-Lo sé. Además, ya llevo un gorro, no quiero que se me estropee el pelo.-Dije atizándome un mechón.
Liam rodó los ojos y dejó el casco en sus piernas, luego me hizo un gesto y me subí a la moto.
-Puedes agarrarte si tienes miedo.-Dijo Liam mientras arrancaba y salía del aparcamiento a toda velocidad.
Me agarré a la parte de atrás del asiento, pero la velocidad me obligó a agarrarme a su espalda. Le abracé lo más fuerte que pude y apoyé mi cabeza sobre él. Era una sensación agradable, podría pasarme así la vida entera si me dejasen. En unos cinco minutos llegamos al parque, paró la moto en una esquina y me dijo:
-Ya puedes soltarte.
-¿Te molesta?-Dije aflojando mis brazos, pero sin soltarlos del todo.
-No, pero no se puede patinar con una lapa pegada a la espalda.
-Gracias por el piropo.-Le solté, y me bajé de la moto, cogiendo primero el skate de mis piernas.
-De nada guapa.
Se me puso la piel de gallina, a sabiendas de que no lo decía en serio. Ese comentario hizo que se me dibujara la estúpida sonrisa de enamorada de ayer. Hasta hacía unas veinticuatro horas no me imaginaba que iba a estar tan enamorada de un chico al que no conocía. Un chico perfecto y sexy al que no conocía. Increíble.
-Señorita “me-meto-en-mis-pensamientos-y-paso-del-mundo”.-Dijo Liam.- ¿Te importa dejar de empanarte y enseñarme a hacer lo que tú hiciste ayer? Graciaas.
-Idiota.-Resoplé, aparentando indiferencia pero con unas ganas de lanzarme a por él que no podía con ellas.
-Sí, soy idiota, y este idiota quiere que le enseñes.
Cogió su monopatín y me agarró del brazo, llevándome hasta las escaleras.
-Ahora.-Dijo dejando el patín en el suelo.-Dime cómo lo hiciste.
-¿Saltando?-Dije sarcásticamente.-Ahora en serio, no sé cómo lo hice, ni siquiera abrí los ojos en el momento del salto.
Liam se cruzó de brazos, haciendo que se le marcaran los bíceps más aún, y mi temperatura corporal subiera, incluidas mis mejillas, más rojas que un tomate cherry.
-Te pido por favor que dejes de ponerte roja, me estresas, y estás adorable, pero me estresas.-Dijo Liam escrutándome con sus enormes ojos color chocolate.
-Si me dices que estoy adorable solo consigues que me ponga más roja. No sé aceptar cumplidos.-Dije bajando la cabeza.
-Y yo no sé saltar escaleras, si tú me enseñas yo te enseño.
-Eres un pesado.
-Y no dejaré de serlo hasta que me enseñes.
-¿Cómo quieres que te enseñe algo que ni yo sé hacer, listísimo?-Pregunté enarcando una ceja. Él sí que estaba estresando.
-Está bien. ¿Te puedo sobornar?
-¿Hablas en serio?
-¿Crees que no?
-Increíble. No, no puedes sobornarme.-Bufé.
-Que difícil eres chica.-Chasqueó la lengua como hizo ayer de camino a casa.
-Puedo intentarlo.-Dije al fin.-Pero no te prometo nada.
A Liam se le iluminó la cara, cogió su patín sonriente y dijo:
-Y bien. ¿Qué tengo que hacer?
-Procurar no hacerte mucho daño. Es un consejo.-Dije respondiendo a su perfecta y adorable sonrisa.
Estuvimos toda la mañana intentando repetir el salto, sin mucho éxito la verdad, cuando por fin nos salió tras miles de caídas, tropezones e intentos desesperados. Exhaustos, nos sentamos al final de las escaleras y comenzamos a hablar.
-Te dije que lo sabías hacer.
-Liam, me he caído unas cien veces. Eso no es saber hacerlo.-Dije mirando para otro lado.
-No sabes aceptar cumplidos.
-Lo sé, es difícil cuando hace unos días la gente te llamaba zorra, ¿sabes?-Dije reprimiendo unas lágrimas.
-Lo…Lo siento.-Dijo Liam acercándose a mí.-No quería, yo, bueno… No lo sabía.
-No tienes la culpa.-Dije enjuagándome una lágrima antes de que Liam la viera.
-Soy un bocazas.
-Lo eres, pero no pasa nada.-Solté tratando de hacerle sentir algo mejor.
-Me lo tomaré como un cumplido.
-Era un cumplido.
Liam se me quedó mirando unos momentos, haciéndome sentir algo incómoda y dijo:
-¿Cómo podían meterse contigo? Me refiero a que… Bueno, ya sabes…Eres genial y preciosa.
-¿Qué?-Dije sorprendida, ¿me había llamado genial? Mejor aún ¿preciosa? No sé cómo no me salió una sonrisa estúpida en la cara al oír eso. Pero no. Sólo lo decía para hacerte sentir mejor, no lo siente en realidad.
-Que eso. Que eres preciosa y genial.-Repitió sonriente. Ah, pues sí lo decía en serio.
-No… No lo soy. Lo sabes de sobra Liam.
-Sí lo eres. Acepta mis cumplidos de una vez. En serio.
-No sé aceptar cumplidos, tú mismo lo dijiste antes- Respondí colocándome un mechón de pelo detrás de la oreja.
-Tienes que aprender.-Contestó mirándome a los ojos.-Y yo te voy a enseñar. Guapa.
-¿Cómo?
-Que eres guapa.
-No lo soy.-Dije mordiéndome el labio.
-Sí lo eres, y más aún cuando te muerdes el labio.
-Que no.
-Acepta el cumplido.
Esto era completamente estúpido, pero estaba feliz, me estaba llamando guapa a la cara, aunque seguramente fuera mentira.
-No voy a aceptar el cumplido porque no es verdad.
-Sí lo es. Te lo voy a demostrar.-Sacó el móvil del bolsillo y marcó un número.
-¿Barbara?-Soltó en el auricular.
¿Estaba llamando a Barbie? No me lo creía. Me hizo un gesto para que me acercara al auricular y escuchara la conversación.
-Hola Liam.-Dijo Barbie al otro lado del teléfono.
-¿A que Ginger es guapa?-Soltó con una sonrisa de oreja a oreja.
-Sí, muchísimo, siempre lo digo pero no me hace ni puñetero caso.
-Vale gracias, adiós.
Y colgó, luego guardó de nuevo el móvil y me dijo enarcando una ceja:
-¿Ves? Eres guapa. Ahora puedes aceptar el cumplido.
-¿Gracias?-Dije encogiéndome de hombros.
-Vamos mejorando.
-Yupi.-Liam sonrió ante ese comentario y añadí:
-Era una ironía. ¿Vamos yendo al insti?
-¿Para qué quieres ir allí?
-No sé, ¿para recoger a mi hermano? Vamos, digo yo.
-Tu hermano puede ir solito a casa.-Contestó poniéndose de pie y ofreciéndome su mano.-Vamos a comer por ahí, te tengo que enseñar un sitio.
-¿Qué sitio?-Respondí cogiendo su mano para que me levantara.
-El Beatties. Han abierto un “restaurante” nuevo dentro.
-Sé dónde está el Beatties, no estoy tan desinformada.
-Bueno, seguro que no lo conoces todo sobre él.-Respondió subiéndose a la moto y guiñándome un ojo. Me subí y abracé su espalda, esta vez con total confianza, mientras él arrancaba la moto sin prisas y salíamos del skate park.
-Oye Liam.-Dije a mitad de camino.
-¿Sí Gin?
-Gracias. Ahora ya sé aceptar cumplidos.-Sonreí.
-De nada. Ahora ya sé bajar escaleras.
Apoyé de nuevo mi cabeza sobre él y pensé en todo lo que había pasado en las últimas horas. Parecía que al fin las cosas cambiaban, y sentía que también yo misma.
FIN DEL CAPÍTULO 3

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