sábado, 26 de octubre de 2013

CAPÍTULO 11: PENSABA QUE NO ERA EL MOMENTO




Entonces sentí el frío suelo contra mi espalda, mientras que Liam me besaba el cuello ansiosamente. Un suspiro escapó de mi garganta cuando se apartó de mí.
-¿Qué haces?-Pregunté tirando de él hacia mí.
-¿Estas segura?-Dijo mirándome con ojos suplicantes, como esperando que mi respuesta fuera un “sí”, pero en vez de eso volví a besarle con deseo. Deseo de él, de sus labios, de su cuerpo. En ese momento cualquier ropa sobraba, así que le quité la camiseta a Liam, rompiendo por un momento el beso, que reanudamos con más pasión aún.
Metió  sus manos en mis pantalones, bajándolos poco a poco, a la vez que yo desabrochaba el cinturón del suyo. Nos miramos, sin poder evitar sonreír de forma pícara.
-Aunque no estés segura, ahora no te vas a poder echar atrás, señorita Lockheart.
-Lo estoy, no te preocupes.
-¿Debería?
-No lo creo.
Tal vez se me hubiera olvidado comentarle un pequeño detalle. Que era virgen, por ejemplo. Pero bueno, por la forma en la que él manejaba mi cuerpo y cómo me hacía sentir estaba segura de que él era todo un maestro en el tema.
Entonces Liam me levantó del suelo, subiéndome sobre él. Y note un dolor, un dolor agudo que pronto se fue transformando en placer. Una sensación nueva y fantástica que hacía que ligeros suspiros escaparan de mi garganta a cada embestida de caderas, mientras inevitablemente clavaba mis uñas en su espalda. Así, poco a poco, notaba cómo mi corazón se aceleraba y nuestras respiraciones se volvían entrecortadas entre beso y beso, hasta alcanzar el clímax.
Dos suspiros se quedaron en el aire tras llegar a ese punto, mientras nuestros cuerpos caían en el viejo sofá de nuevo, entrelazados.
Liam se apartó ligeramente de mí con una sonrisa en la cara, igual que la mía. Se inclinó de nuevo y me dio un beso en los labios.
-¿Estás bien?-Me preguntó después.
-Mejor que nunca.-Respondí mientras apoyaba mi frente contra la suya y dejaba caer un beso en sus labios, de nuevo. Liam sonrió y me rodeó por los hombros con un brazo, mientras que con otro me ofrecía su sudadera.
-Gracias.-Me la puse y me quedé en silencio mientras Liam me miraba, hasta que decidí añadir algo:
-Liam, ¿no decías que no era el momento?
Él enarcó una ceja, sorprendido, y se me quedó mirando antes de contestar a mi pregunta.
-Bueno… Es que esta mañana no era el momento. Pero ahora sí lo era.-Sonrió y añadió:
-Ya lo entenderás.
-¿Entender algo contigo? Eso es imposible.-Bromeé.
-Calla boba.-Contestó a la vez que me revolvía cariñosamente el pelo, mostrando una amplia sonrisa.
Me recosté sobre el brazo del sofá mientras estiraba la sudadera de Liam hacia abajo. Me quedé mirándole, inspeccionando con la mirada sus trabajados abdominales, sus marcados bíceps, su pelo revuelto y su mirada perdida, observando el desván, como tratando de recordar algo, de aclararse las ideas.
-¿En qué piensas?-Pregunté finalmente. Se giró, algo sobresaltado, y se mordió el labio inferior mientras sacudía sutilmente la cabeza.
-En nada. Es sólo que…-Dejó la frase en el aire, sin acabarla.
-¿Es sólo que…?-Insistí.
-Vale, te va a sonar raro pero…-Se pasó la mano por la cabeza mientras soltaba un bufido.- ¿Te ha dolido?
-¿El qué?-Pregunté sorprendida.
-Ya sabes…-Rodó los ojos.
-Ah, eso.-Sonreí. Era una pregunta un tanto extraña, teniendo en cuenta que no manejaba el tema debido a mi, hasta hacía unos minutos, virginidad.- La verdad, no sé muy bien qué contestarte. Pero… Creo que no.
-¿Crees?
-Liam.-Bufé.- Soy, bueno, era virgen, no te puedo explicar eso como si lo hiciera todos los días porque no es así.
Liam abrió mucho los ojos, claramente atónito. Empezó a boquear, tratando de decir algo, pero sin soltar más que sonidos guturales y onomatopeyas.
-No lo sabía.-Logró decir al fin.- Es decir, pensaba que tú…
-¿Que no era virgen?-Pregunté al tiempo que soltaba una sonora carcajada.- Por favor Liam, se me nota a leguas…
-Eso es lo que piensas tú.
-Esta conversación se está volviendo rara. ¿Podemos cambiar de tema?-Pregunté, algo incómoda con la situación.
-Claro. Bueno…-Trató de buscar un tema de conversación, pero no lo encontraba. Sinceramente, yo tampoco, no sabía qué decir después de haber hecho el amor con él. Estábamos en silencio, mirándonos, prácticamente desnudos salvo por la ropa interior y  la gigantesca sudadera de Liam, que cubría mi torso.
De repente sonó mi móvil, no sabría decir si en un buen o mal momento, pero al menos sonó.
-¿Diga?
-¡Gin! ¿Qué tal?
-Hola Barbie, bien, ¿tú?
-Ge-nial.-Contestó mi amiga marcando cada sílaba.
-¿Y eso?
-Zayn y yo… Me encantan tus ideas para el aniversario, sobre todo lo de la excursión a la playa. Es simplemente perfecto. Lo tengo todo planeado, pero tenemos un problema: el medio de transporte. Porque, claro, no podemos ir andando a la playa. Bueno, podemos, pero tardaríamos horas y horas y…
-Barbie.-La corté, no entendía casi nada de lo que decía debido a su velocidad.- Tú solo prepara lo imprescindible: comida y todo eso. Yo me encargo de lo demás, ¿vale?
-Vaale. Te quiero, en serio, gracias. ¿Y tú que haces?
-¿Yo? Pues… Con Liam.-No pude evitar sonreír al pronunciar su nombre.
-¿Con Liam?-Contestó medio gritando.- ¿Y qué hacéis?
-Nada importante.-Mentí, al menos por teléfono no se notaba mi inseguridad y mi repentino nerviosismo.
-Ya, ya. Mañana me cuentas. Todo, ¿vale?
-Está bien… te tengo que dejar, un beso preciosa.
-Un beso Gin.
Y colgué, roja como un tomate. Me giré de nuevo hacia Liam, que ya se había puesto los pantalones y una fina camiseta de tirantes que le marcaba los abdominales. Me estaban entrando ganas de volver a lanzarme a por él.
-¿Sabes? Creo que no sabes mentir.-Me dijo mientras me acurrucaba sobre su regazo y le rodeaba el cuello.
-Es que no sé mentir.
-A eso sí que no puedo enseñarte.
-¿Tampoco sabes?
-Sí que sé, pero las mentiras me resultan desagradables. Creo que es una de las peores cosas  que una persona puede hacer: mentir.
-Vaya, sí que te lo tomas a pecho.
-Ha habido demasiadas mentiras en mi vida como para que ahora yo vaya soltando otras nuevas por ahí. No es justo privar a la gente de la verdad.-Contestó mirándome fijamente. Me quedé callada. ¿Lo decía por mí, o simplemente estaba expresando su opinión? A decir verdad, no podía descifrar su expresión, seria, pero con ojos brillantes y pícaros. Era un auténtico enigma.
-Aunque.-Soltó de repente.- Esto no lo digo por ti. Hablaba por mis padres. Y mis supuestos amigos.
-¿Supuestos?
-Sí, hijos de amigos de mis padres, que solo se juntan conmigo por… Por algo que sigo sin comprender.
-Ah. ¿Y tus padres?
-Empresarios… Siempre mienten, de una forma u otra, siempre lo hacen. Es su manera de convencer a los demás de que lo que dicen es lo mejor. Nunca lo entenderé.
-La verdad, a mí tampoco me gusta mentir. Bueno, salvo que sea estrictamente necesario, como cuando mientes porque tienes que ocultar el regalo de alguien, o una fiesta sorpresa de cumpleaños. Entonces sí, porque sería una mentira piadosa.
-Me encantan tus reflexiones improvisadas.-Dijo mientras sonreía.
-Gracias, pero no son reflexiones.-Respondí encogiéndome de hombros bajo aquella gigantesca sudadera.
-Bueno, lo que sea. ¿Qué quieres hacer?
-Me voy a arrepentir de decir esto pero… Tengo que irme a casa de Barbie. Lo siento.
-No pasa nada, ¿mañana te veo?
-O esta noche. A las diez  en el instituto, ¿vale?-Me levanté y me puse mis vaqueros y mis botas, sin quitarme la sudadera de Liam.
-Vale.-Me contestó después.- Por cierto, quédate la sudadera, ya me la devolverás.
-Gracias. Y siento que hayas tenido que curarme. Ya sabes, lo de la pelea.
-Ha sido un placer.-Me guiñó un ojo, se levantó y me plantó un largo beso en los labios, dulce a la vez que pasional.
-Me encantaría quedarme aquí tumbada en el sofá contigo, pero tengo que ir a ver a Barbie, lo siento.-Dije mientras, muy a mi pesar, me separaba lentamente de él.
-Está bien, te veo esta noche.
-Hasta esta noche Liam.
Le di un beso rápido en los labios y desaparecí por la trampilla tras coger mi bolso y mi skate. Salí del Beatties, tiré el monopatín al suelo y me subí sobre él, cogiendo impulso con las piernas mientras me deslizaba calle abajo hacia casa de Barbie. Saqué el móvil de mi bolsillo, me puse los cascos y comencé a escuchar “As long as you love me”. A decir verdad, nunca me había gustado especialmente Justin Bieber, le respetaba y todas esas cosas, pero no era su fan. A pesar de eso, me encantaba esa canción, hacía que se me pusieran los pelos de punta. Pero la mejor parte era el rap, la letra expresaba tantas cosas… Era inevitable para mí cantarlo por lo bajo cuando lo escuchaba.
Al ritmo de esa canción me planté en casa de Barbie, me quité los cascos y llamé al timbre.
Para mi sorpresa, no fue Barbie quien me abrió, si no su primo, Louis. Mostraba una amplia sonrisa, que hacía que unas pequeñas arrugas surcaran el contorno de sus ojos azul verdoso. Tenía el pelo ligeramente despeinado, y llevaba un vaquero con una camiseta de rayas azules, casi siempre vestía ese tipo de camisetas.
-Hola Lou, ¿está Brabie?-Dije tras mirarle detenidamente.
-Qué hay Gin. Sí está arriba. Pasa.
Hizo un gesto con el brazo y abrió la puerta del todo, dejándome espacio suficiente para pasar.
-Oye.-Soltó cuando pasé por delante de él.
-Dime.
-¿Esa sudadera no es de Liam?
-Ehh… No.-Mentí.
-Ehh… Sí. Se la he visto en el skate park.-Insistió.
-Pues no. Será que la tenemos iguales o… Algo así.-Intenté inventarme una excusa creíble, pero no funcionó.
-Gin, no sabes mentir. Esa sudadera es de Liam.-Sentenció riéndose.
-Vale, es de Liam, ¿y?
-Pues que solo si uno es novio de una chica la presta su sudadera. Y eso quiere decir que eres su novia.
Me sonrojé. Me había pillado, y lo peor era que él era Louis, y siempre había sido el graciosillo de turno, seguro que me amargaba la existencia con bromas acerca de Liam y yo. A veces maldecía su perspicacia y picardía para darse cuenta de las cosas mil veces más rápido que los demás.
-Te has puesto roja, entonces, ¿estáis saliendo?
Bufé, no me agradaba hablar del tema con él, nada en absoluto.
-Sí, estamos saliendo. ¿Ya te has preparado una bromita para esto? Adelante, suéltala.-Me crucé de brazos y puse los ojos en blanco.
-No tenía ninguna broma preparada.-Dijo con expresión seria, mirándome muy fijamente.
-¿No?-Pregunté sorprendida.-Pensaba que los graciosillos siempre tenían bromas preparadas. Para todo.
-Sólo soy el graciosillo cuando estoy en el instituto y con los del skate park. En realidad no me gusta reírme de la gente, ya sabes, bromear con sus situaciones. Pero debo hacerlo, tengo una reputación que mantener.
Me quedé sorprendida ante esa respuesta. Es decir, Louis Tomlinson, el mismo que se ríe del mundo todos los días, dice que no le gusta ser el graciosillo.
-Vaya, nunca imaginaba que te oiría decir eso.
-Pues ya lo ves… Las cosas no son lo que parecen.-Hizo una pausa y me miró.- ¿Quieres una coca-cola?
-¿Qué? Ah, sí, vale.
Definitivamente no entendía a este chico, me revela sus sentimientos como si fueran algo doloroso para él  y me ofrece una coca-cola con una renovada sonrisa en la cara. Debía de ser bipolar.
Louis se dirigió a la cocina con paso ligero, mientras yo pasaba al salón y me sentaba en el sofá violeta, cubierto parcialmente por una manta negra y cojines del mismo color. Cogí uno de los cojines, me encantaba su tacto aterciopelado.
Recuerdo que cuando éramos más pequeñas Barbie y yo solíamos hacer guerras de cojines en el salón, y su madre siempre nos regañaba porque la estropeábamos sus preciados cojines tapizados. Entonces los dejábamos en el sofá y continuábamos la guerra en su habitación. Lo pasábamos genial juntas, siempre conseguía sacarme una sonrisa, como ahora.
Entonces entró Louis en el salón con dos botellines de coca-cola en la mano y su característica sonrisa dibujada en el rostro.
-Toma.-Dijo mientras me pasaba un botellín.- Bueno, Liam y tú salís, ¿no? Pues ya sabes, cuéntame cómo lo lleváis.
-¿Te crees que por invitarme a coca-cola te voy a contar mi vida personal?-Pregunté, incrédula.
-Exacto. Es mi amigo, es justo que me entere de cómo lo lleva con su novia, ya que no me había avisado de que tenía una.
-Por algo será.
-¿Insinúas que no se fía de mí?
-No lo insinúo, lo afirmo.
Louis se echó a reír, bajó levemente la cabeza y luego la subió mientras daba un sorbo a su coca-cola.
-Cómo se nota que no me conoces bien.-Dijo divertido.
-¿Acaso tú me conoces a mí?
-Mejor de lo que te piensas.
-¡Ginger! ¿Qué haces aquí?
En ese momento Barbara estaba bajando las escaleras con sus habituales zapatillas de conejitos blancos y un chándal bastante antiguo y desgastado, con su móvil en la mano y una sonrisa en la cara.
-Hola Barbie.-Saludé mientras me levantaba del sofá alegremente y abrazaba a mi amiga.
-¿Qué tal? ¿No estabas con Liam?-Me preguntó, sin darse cuenta de que Louis estaba detrás de nosotras, escuchando atentamente.
-Sí, estaba con él pero he venido a verte.
-¿Ha pasado algo?-Barbie levantó una ceja, inspeccionándome con la mirada.
-No, no ha pasado nada, sólo venía para aclarar lo del aniversario.-Improvisé, en realidad no venía para eso, si no para contarle cómo iba mi relación con Liam.
-Entiendo… Oye Lou.-dijo dirigiéndose a su primo.- Te quedas a cargo de la casa, ¿no la incendies, vale? Yo voy a dar una vuelta con Gin, tenemos muchas cosas que contarnos.
-¿Vas a salir así a la calle?-Preguntó Louis, señalando su chándal viejo y sus zapatillas de conejitos.
-¡Vaya! Gin, ayúdame a elegir la ropa y nos vamos.-Barbie me cogió de la mano sin darme tiempo a contestar y me arrastró hasta su habitación por las escaleras y la mayor parte del pasillo.
Cerró la puerta de su habitación de un portazo, se giró hacia mí y me dijo:
-Quiero detalles de tu relación con Liam, ahora.
FIN DEL CAPÍTULO 11

sábado, 19 de octubre de 2013

CAPÍTULO 10: SALDAR CUENTAS




Unos rayos de luz se filtraban por la persiana, haciéndome abrir los ojos forzosamente. Traté de moverme pero era inútil, un brazo rodeaba mi delgado cuerpo al completo, impidiéndome respirar apenas y haciendo que dejara de sentir los brazos. Giré con dificultad sobre mí misma y empujé el pecho de Liam con las manos, soltándome de su abrazo y cayendo al suelo.
-Buenos días.-Murmuró Liam mientras se tumbaba boca abajo y me miraba sonriente.
-Buenos días señor “agarro a las chicas y no las dejo respirar”-Repliqué levantándome del suelo y atusándome el pelo.
-Lo siento, es que eres muy… achuchable.
-No lo soy.-Le planté un beso en los labios y añadí:
-Pero gracias, tú también lo eres.
-¿Qué quieres de desayuno?
Me quedé pensativa un segundo y contesté mordiéndome las uñas:
-¿Tienes café?
-Claro.
Liam se levantó de la cama y… Grr. Si con ropa era sexy sin camiseta y con los trabajados abdominales a la vista era simplemente un dios griego. Creo que se me estaba empezando a caer la baba porque Liam chasqueó los dedos delante de mis narices y dijo:
-Recuerda que soy tuyo, puedes catarme cuando quieras.-Me guiñó un ojo y fue entonces cuando me derretí. Era perfecto, solo quería comerle a besos, rodearle con mis brazos hasta que su cuerpo y el mío fueran uno. Era inevitable.
Me levanté inconscientemente y me lancé a por sus labios, mientras mis manos se enredaban en su pelo y sus brazos rodeaban mi cintura. Al principio era un beso como otro cualquiera, romántico y dulce, pero cuando sus dientes atraparon mi labio inferior con pasión perdí el control. No sabía qué hacía, ni qué pasaba a mi alrededor, lo único que recuerdo es que mi teléfono sonó, interrumpiendo lo que sea que estuviésemos haciendo.
-¿Diga?-Contesté.
-¡Gin! ¿Hoy también vas a irte del instituto con Liam?
-Hola Barbie. No creo pero faltaré a la primera hora.-Contesté mientras le dedicaba una sonrisa a Liam, que jugaba con un mechón de mi pelo.
-Tampoco te vas a perder mucho la verdad. Toca física, yo te cubro, ¿vale?
-Gracias Barbie. Tengo que dejarte, te veo en el insti. Un beso.
-Un beso preciosa.
Colgué el teléfono y lo lancé a la cama, me volví hacia Liam y dije:
-Bueno, ¿por dónde íbamos antes de que nos interrumpieran?
-Pues creo que íbamos a desayunar cuando te me has echado encima como una tigresa.
-Como si no te gustara.-Rodé los ojos y presioné mis labios contra los suyos.
-No lo niego, me encanta.-Esta vez fue Liam el que me besó, aunque acabó metiéndome la lengua hasta la campanilla.
-Guau, no conocía ese lado salvaje tuyo.
-Hay muchas cosas que no sabes de mí.
Liam me rodeó por la cintura y me acercó a él, poniéndome a horcajadas sobre sus piernas mientras posaba besos húmedos sobre mi cuello, provocando que mi temperatura corporal subiera y mis sentidos se nublaran.
-Liam… ¿Qué haces?-Logré decir en un gemido.
-¿No te gusta?
-Me encanta pero…-No pude continuar hablando ya que Liam me calló con un beso.
Cuando se separó de mí se me quedó mirando, como si estuviera intentado leer mis pensamientos.
-¿Qué pasa? ¿Me vas a tener esperando todo el día?
No obtengo respuesta, por lo que vuelvo a echarme encima de él, besándole, y él respondiendo y tomando el control del beso, que no sé si se podía seguir llamando beso. 
Así, de repente, noto cómo las manos de Liam se deslizan debajo de mi camiseta del pijama, haciendo que se esfumara, al igual que mi sentido común. Los labios de Liam iban posando besos en mi cuello, mi escote, mi vientre… Hasta subir de nuevo a mis labios, dándome pequeños mordiscos sensuales, haciéndome perder el poco control que tenía sobre mi cuerpo en esos momentos. Entonces se separó, dejándome con ganas de más.
-¿Por qué paras?-Pregunté algo indignada.
-Porque no... No es el momento adecuado.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque no. Ya lo entenderás.-Liam posó otro beso, esta vez en mi frente.- Es sólo que he perdido un poco el control cuando has… Hemos… Ya sabes. Es que estás muy sexy recién levantada.
-No pasa nada. Y gracias, tú también estás muy sexy cuando… Dejémoslo en que estás muy sexy, ¿vale?-Contesté mientras me levantaba del suelo.
-¿Qué iba a hacer antes de que acabáramos en el suelo?-Preguntó mientras me devolvía mi camiseta del pijama.
-Creo que íbamos a desayunar.
-Exacto. ¿Café?
-Claro.
Salí por la puerta y bajé las escaleras hacia la cocina. Me senté en un taburete que había debajo de la vitro cerámica a la espera de que Liam bajara.
-¿Café solo o con leche?-Me preguntó cuando entró a la cocina.
-Solo por favor.
-¿Qué tomas normalmente?
-Veamos… Dos tostadas, una magdalena, galletas, langosta…-Bromeé. Liam se echó a reír y dijo:
-No, en serio, ¿qué quieres?
-Un café solo, no tomo nada más normalmente.
-Está bien, un café solo para la señorita Lockheart.-Sacó una taza de uno de los cajones blancos y la rellenó de café que había en un termo de metal. Me pasó la taza, sacó otro taburete y se sentó a mi lado sin coger nada para él.
-¿Tú no desayunas?-Pregunté mientras daba un sorbo a la taza.
-No tengo hambre. Ya compraré algo en el recreo en la cafetería de en frente.
-¿Puedes salir?
-No, pero si soborno al profesor de guardia me deja ir a comprar comida.
-¿Soborno a un profesor? Está usted hecho un chico malo, señorito Payne.-Dije en tono sarcástico mientras esbozaba una sonrisa.
-Eh, solo yo te puedo llamar señorita.-Contestó enarcando una ceja.
-Te he llamada señorito, no señorita.
-Sabes a lo que me refiero.- Me miró con cariño y añadió:
-Será mejor que te tomes pronto el café si quieres que pasemos por tu casa a por ropa y lleguemos bien al instituto.
-Me tomaré el café, pero no necesito ropa y no es mi intención llegar pronto al instituto.
Liam entrecerró los ojos y dejó escapar una pequeña carcajada. Se levantó del taburete y yo me terminé el café.
Metí la taza al lavavajillas y subí a la habitación de Liam para buscar mis cosas. Me quité el pijama en medio de la habitación y me puse a buscar mi ropa. Cuando me di la vuelta no pude evitar sonrojarme al ver a Liam en el marco de la puerta, escudriñando cada parte de mi cuerpo, cubierto únicamente por un conjunto sencillo  de lencería negra.
-¿Qué?-Pregunté mientras me ponía mis vaqueros sin dejar de mirar a Liam.
-Que eres perfecta.-Se acercó a mí y me dio un beso en los labios.
-Sabes que no.-Dije sonrojada.
-¿No habías aprendido a aceptar cumplidos?-Me preguntó mientras rodeaba mi cintura con las manos y me abrochaba los pitillos.
-Sí pero… Oye, que tú no tienes que vestirme, eso lo sé hacer yo solita.-Dije mientras apartaba las manos de Liam de los bolsillos de mi pantalón.
-¿Y qué tengo que hacer entonces?
-Tú sabrás.-Me giré hacia Liam y rodeé su cuello con mis brazos, dejando posar mis labios sobre los suyos suave y rápidamente.- Voy a arreglarme.-Continué mientras cogía una camisa de Liam, me ataba los extremos sobrantes a un lado de la cintura y me subía las mangas hasta los codos. Salí de la habitación y fui al baño a lavarme la cara y los dientes. Me hice una coleta alta y salí del baño de nuevo.
-Ya estoy.-Dije mientras entraba a la habitación de Liam.
-Mi camisa te sienta muy bien.
-Gracias. A ti tu camiseta de Obey también.-En realidad todo lo que llevara puesto le sentaba bien, pero esa camiseta ceñida que le marcaba los abdominales le hacía aún más irresistible.
-Gracias.-Respondió sonriente.- ¿Vamos yendo al insti? Con perdernos la primera hora será suficiente, ¿no crees?
-Pues claro.-Nos sonreímos y salimos por la puerta, escaleras abajo, y cogimos la moto para dirigirnos a clase.
Cuando llegamos entramos disimuladamente por secretaría y subimos a las clases. En medio del pasillo Liam me plantó un beso en los labios y me dijo que su clase estaba en el pasillo de al lado. Le devolví el beso y le prometí que nos veríamos a la salida antes de ir hacia mi clase.
-Buenos días.-Dije mientras entraba. Al menos el profesor no había llegado aún.
-Hombre, aquí tenemos a la señora Payne, ¿qué tal con tu chico?-Soltó Lou nada más acercarme a mi sitio.
-Cállate Lou, eso es confidencial.-Contestó Barbie, y añadió dirigiéndose a mí:
-¿Qué tal esta noche pillina?
-¿Qué?-Dije asombrada.- No hemos hecho nada, imbécil.
-Ya, y tú te crees que yo he nacido ayer, ¿no?-Me susurró mientras tiraba de mí hacia su pupitre y me sentaba en su silla.- Ahora dime lo que habéis hecho.
-Nada.-Suspiré. Barbie me dirigió una mirada acusadora  y no me quedó más remedio que explicárselo mediante notitas en medio de la siguiente clase. La mañana se pasó bastante rápido, teniendo en cuenta que las dos últimas horas tocaba arte y filosofía, dos de las mejores asignaturas que había. Eran una patochada, ni siquiera me esforzaba en prestar atención a lo que explicaban los profesores.
Cuando sonó el timbre de la última clase salí prácticamente corriendo tras despedirme de Barbie y me dirigí al skate park sin decirle una palabra a Liam.
Cuando llegué al skate park tiré mi mochila al pie de las escaleras y comencé a buscar a los tipos de las cadenas. Estuve unos cinco minutos buscando, pero no había nadie, así que me senté en una rampa a la espera de que llegaran.
Una suave brisa otoñal hacía que mi pelo se moviera ligeramente. Cerré los ojos y respiré aquel aire. Limpio, sin contaminar y con olor a… ¿Gasolina? Volví a abrir los ojos y vi como los chicos de las cadenas entraban en el parque en potentes motos y bicicletas tuneadas. Me levanté rápidamente y me acerqué a ellos mientras notaba cómo me hervía la sangre poco a poco.
-Heeey, nena.-Dijo uno de los chicos cuando me vio acercarme a ellos.
-No me llames nena.-Contesté frunciendo el entrecejo.
-Aquí tenemos a una chica mala.-Intervino otro con una dilatación en la oreja del tamaño de una taza de café. Asqueroso.
-Cállate. Quiero saber quién fue.-Miré a todos y cada uno de los chicos fijamente, cabreándome cada vez más al no obtener respuesta.
-¿Quién fue qué?-Respondió otro enarcando una ceja. Se veía que su única neurona no les daba para mucho.
-Quién… Narices pegó a Liam. Quiero que me lo digáis. Ahora.-Solté en el tono más frío y amenazante que pude. Súbitamente, todos se echaron a reír y me rodearon formando un círculo, que se estrechaba cada vez más, haciéndome sentir insegura.
-Así que tienes que defender al niño de papá, ¿eh?- Uno de los chavales se acercó a mí más aún y cogió un mechón de mi pelo.
-No me toques.-Dije tajante mientras le daba un golpe en el brazo, haciendo que se apartara de mí.
-¿Y qué nos vas a hacer?-Preguntó un segundo, agarrando mi muñeca.
-He dicho que no me toques.-Solté un puñetazo directo a su barbilla, haciéndole una raja en el mentón. Al parecer mis anillos también cortaban.
-Te vas a enterar, zorra.
Al instante noté cómo dos de los tipos que estaban rodeándome me cogían por los brazos, poniéndome frente al que había golpeado, que me propinó un puñetazo en el estómago.
Me doblé del dolor, pero en seguida solté una patada directa a sus partes bajas, provocando su caída al suelo. Retorcí los brazos para soltarme de esos dos chicos, y les asesté un golpe en la cara. Pensaba que no iba a recibir ningún otro puñetazo cuando un golpe seco en la espalda me dejó sin respiración y me caí al suelo. Joder, ¿por qué no podía poner a prueba lo que me había enseñado Liam? Noté como dos brazos me rodeaban el tórax y me levantaban rudamente del suelo.
Empecé a lanzar puñetazos y patadas al aire, asestando golpes inconscientemente, pero sin conseguir soltarme.
-¡Suéltame!-Grité desesperada. Estaba empezando a ahogarme, el que me tenía cogida no hacía más que aumentar la presión de sus brazos contra mi pecho.- ¡Que me sueltes joder!
Eché el codo para atrás, calvándoselo a aquel tipo en el pómulo.
-¡Joder!-Gritó ante ese golpe, y me soltó.
Intenté correr, salir de ese círculo, pero me cerraban el paso allá donde fuera. Lo único que sentía era dolor a cada puñetazo, patada o empujón que me daban. Y lo peor era que estaba tan aturdida que no podía defenderme.
-¡Dejadla en paz!-Gritó una voz ronca, y vi como uno de los chicos caía al suelo. Al instante reconocí esa voz. Era Harry, el novio de Brooke.
-¡Harry!-Dejé escapar un grito ahogado mientras me zafaba de uno de los matones y me lanzaba a los brazos de Harry.
-No pasa nada.-Me susurró mientras me ponía detrás de él.- ¿Qué cojones estáis haciendo?-Gritó enfurecido.
-Ha sido la zorra esta la que se ha metido.-Soltó uno a mis espaldas. Entonces exploté. No iba a dejar ganarme, y le solté un puñetazo, dejándole un ojo morado. Entonces vinieron a por nosotros. Harry se defendía muy bien, mucho mejor que yo. Asestaba puñetazos y patadas a todos y cada uno del grupo, mientras yo me limitaba a ayudarle y tratar de defenderme.
Entonces apareció. Una scooter negra antigua apareció en el skate park, una voz gritó mi nombre y entonces todo se volvió borroso y noté en impacto del asfalto contra mi cuerpo. Se oían gritos, golpes, insultos. Después unos pasos, el ruido de unas motocicletas alejarse y un último grito que llevaba mi nombre.
Abrí los ojos y, al principio, solo veía manchas borrosas. Marrones, verdes, blancos y rojos. Entonces los borrones se tornaron en figuras definidas, y allí estaban Liam y Harry, quien tenía los labios sangrando y el ojo morado.
-Gin… ¿E-Estás bien?-Dijo Liam a punto de un ataque de nervios. Me incorporé dificultosamente y asentí, bajo la atenta mirada de ambos dos.
Liam me cogió por debajo de los hombros y me ayudó a levantarme mientras que Harry recogía mis cosas y las llevaba donde estábamos.
-¿En qué estabas pensando?-Preguntó Liam con cierto tono de enfado en la voz, mientras que me miraba con preocupación.
-En ti.-Contesté con un hilo de voz.- No voy a permitir que nadie te toque, Liam, me da igual a quién tengo que enfrentarme.-Luego me giré hacia Harry y le sonreí tras susurrar un “Gracias”.
-Y tú.-Soltó Liam mientras dirigía un dedo acusador hacia Harry.- ¿Qué coño hacías ahí?
-Protegerla.-Harry miró fijamente a Liam.
-No la pagues con él.-Intervine yo.- Sólo me ha ayudado, la única que ha hecho algo malo soy yo.
Liam nos miró a ambos dos, hasta quedarse mirando a Harry, y le dijo con seriedad:
-Será mejor que vayas a tu casa. Ya hablaremos mañana.
Harry asintió y se dio media vuelta tras decirme adiós con la mano. Liam me puso frente a él, y mientras que me sujetaba con una mano examinaba mis moratones con la otra. Me palpitaba la cabeza, tenía los brazos agarrotados y el labio sangrando. Se podía decir que no era mi día.
-Gin… Mírame. ¿Por qué lo hiciste?-Dijo mientras me cogía la cara con las manos y me miraba fijamente a los ojos.
-Vuelvo a repetir que por ti. No voy a dejar que unos chulos de mierda te peguen y se vayan de rositas.
-Prefiero que se vayan de rositas a que te dejen así.
-Estoy bien.-Aparté sus manos de mi cara y pasé mi lengua por la herida de mi labio.- Sólo necesito un par de tiritas y una aspirina.
-Y también un médico.
-No voy a ir a un médico por esta chorrada.
-Pues vamos a tu casa, tal vez tu madre pueda ayudarnos.
-¿Estás loco? No pienso ir a mi casa con estas pintas, y menos después de lo que pasó ayer.
-¿Entonces qué sugieres?
Me quedé pensativa mientras Liam me escrutaba con la mirada.
-El Beatties.-Dije finalmente.- Es el mejor sitio que conozco.
Liam asintió y me agarró cuidadosamente de la mano sin mediar palabra. Me subió a la moto y, tras ponerme el casco, arrancó.
Esta vez era diferente, no dijo nada durante todo el camino, estaba absorto en sus pensamientos, ni siquiera cuando llegamos al desván dijo algo, se limitó a sentarme en el sofá y bajó de nuevo a por algunas vendas y hielo.
Me tumbé boca arriba en el sofá y me toqué la cabeza con la mano. Realmente me sentía como si me hubieran martilleado la cabeza durante horas, y el ruido de la moto no había ayudado en absoluto. Me arremangué la camisa y descubrí un rasguño que me recorría en antebrazo, y varios moratones alrededor de él. ¿En serio había recibido tantos golpes? Bueno, me sentía fatal, como si me hubiera pasado una apisonadora por encima y luego me hubieran recogido con una pala para lanzarme después a la fosa de los tiburones. Visto así, era normal que tuviera tantas heridas.
-Ponte esto en la cabeza.-Dijo Liam sacándome de mis pensamientos, mientras entraba por la estrecha trampilla con un maletín blanco y una bolsa de hielo.
-Gracias.-Respondí incorporándome, y descubriendo un nuevo dolor en el abdomen. Me puse la bolsa de hielo el cabeza y miré a Liam, que estaba sacando cosas de aquel maletín.
-Aún sigo sin creerme lo que has hecho.-Resopló.
-Me enseñaste a pelear, de haber sido menos habría ganado.
-Pero no lo eran.-Liam levantó la cabeza y me miró con seriedad.- Y no ibas a poder con una banda de nueve tíos con cadenas con una estúpida clase de boxeo.
-No es estúpida, ¿me oyes? Es la mejor clase del mundo. Y habría podido si no me hubieran sujetado.
-Gin, no lo entiendes. No van a bromear contigo, van a pelear.-Dijo recalcando el “pelear”.- No puedes esperar que jueguen limpio, y menos gente de esa calaña.
Abrí la boca para quejarme, pero decidí que lo mejor era no decir nada, no quería que Liam se cabreara más.
-Ven aquí.-Soltó indiferente mientras sacaba una gasa y la mojaba en agua oxigenada.
-No jodas, que eso escuece.
-Más te va a escocer si no te curo el corte del labio.
Solté un bufido y me acerqué a él. Presionó la gasa contra mi labio inferior, hice una mueca de dolor, pero no la soltó. Entonces empecé a mirarle. Esos ojos marrones chocolate que desprendían un brillo de picardía y dulzura y que hacían que me enamorara más de él. Luego estaban sus brazos, esos trabajados bíceps que me hacían sentir la persona más segura del mundo cuando me rodeaban cariñosamente. Su pelo, peinado en una cresta en la que tantas veces había hundido mis manos en un periodo tan corto de tiempo. Sus labios, esos labios rosados que me hacían perder el control cada vez que entraban en contacto conmigo. Y sus manos, esas manos que me curaban, me protegían y me producían escalofríos cuando recorrían mi cuerpo.
-¿Qué pasa?-Liam me quitó la gasa de los labios  y yo aparté mi mirada de él. Dios, que vergüenza.
-N-nada… Gracias por…- ¿Por curarme? No, eso era poco.- Gracias por todo.
-¿A qué viene eso ahora?-Preguntó enarcando una ceja.
-No sé, me parecía que era buen momento.-Mentí.
Liam esbozó una leve sonrisa antes de decir:
-Eres peor eligiendo momentos que aceptando cumplidos, ¿sabes?
-Gracias hombre.-Contesté mientras giraba mi cabeza hacia otro lado, indignada.
-Pero aun así, aunque no me hagas caso nunca, no sepas aceptar cumplidos, te enfades con facilidad y no sepas elegir los momentos adecuados, incluso con todo eso, te quiero igual.-Retiró un mechón de mi pelo detrás de mi oreja y me hizo mirarle a los ojos. Entonces no pude evitar besarle. Lanzarme encima de él y rodear su cuello con mis doloridos brazos, mientras la boca me ardía, aunque no sabía muy bien si por la herida o por el calor que deprendían sus labios.
En ese momento nos encontrábamos en las mismas que esta mañana, yo sobre él con la camisa por el suelo, mis manos enredadas en su pelo y sus brazos rodeando mi cintura. Podría pasarme así el resto de mi vida, en ese sofá viejo, en el desván del Beatties, con él, sin nada ni nadie que nos molestase. Para siempre.
FIN DEL CAPÍTULO 10

CAPÍTULO 9: NO ERES BIENVENIDO




-¿Cómo que ha vuelto? ¿Quién?-Liam parecía realmente preocupado.
-Sólo llévame a casa… Es un corazonada.-Pasé por delante de él ignorando su pregunta.
-Gin.-Me sujetó del brazo.- ¿Quién ha vuelto?
Tragué saliva de nuevo y le miré fijamente a los ojos. Esto iba a dolerme si de verdad era así.
-Mi padre.
Liam me soltó del brazo. Me miró confuso y cogió las llaves de su moto del bolsillo.
-Te llevo a casa.
Nos subimos a la moto en silencio y salimos de allí.
-Gin…-Dijo a mitad de camino.- ¿A qué te refieres con que ha vuelto? ¿Estaba de viaje?
-Algo así.-Suspiré conteniendo las lágrimas.- Nos abandonó cuando era una niña. Ahora… Ha vuelto otra vez.
-Si necesitas algo ya sabes dónde estaré.-Me respondió compasivo.
-Te llamaré en cuanto salga de casa, mantente cerca por favor, saldré corriendo en cuanto tenga la oportunidad.
-Está bien. ¿Necesitas un apoyo?
-No. Si está Jeff estaré bien… Al menos un rato.
Nos mantuvimos en silencio el resto del viaje, cada uno absorto en sus pensamientos. Por mi parte estaba rezando porque esa “visita” no durará más de cinco minutos, sabía que si se quedaba acabaría echándole a patadas.
Cuando llegamos Jeff estaba sentado en las escaleras del portal con la cabeza hundida en las manos. Me bajé apresuradamente de la moto y corrí hacia él.
-¡Jeff! ¿Está aquí?
Mi hermano levantó la cabeza. Tenía los ojos vidriosos y había muestras notables de que había estado llorando. Se limitó a asentir con la cabeza y la volvió a hundir en sus manos.
-Jeff… Escúchame. Ahora vamos a subir a casa los dos juntos, no podemos dejar a mamá sola en esto, ¿vale? No puedo hacerlo si ti.
Jeff se levantó de las escaleras y recuperó la compostura, se secó los restos de lágrimas y asintió. Abrió el portal y entró, yo me dispuse a seguirle, pero me giré hacia Liam, que seguía de pie apoyado en la moto. Movió los labios sin emitir ningún sonido, diciéndome que procurara ser fuerte, a lo que yo simplemente asentí con desgana mientras me colaba por un hueco entre el marco y la pesada puerta de metal del portal justo antes de que se cerrase.
Alcancé a Jeff en las escaleras y estreché se mano con fuerza mientras llegábamos a nuestro piso. Se podían oír los gritos desde fuera de la puerta. Me hervía la sangre, no podía soportar que mi… Ese hombre chillara a mi madre. Saqué las llaves con premura del bolsillo y abrí la puerta con fuerza. Allí delante estaba mi madre, se la notaba en la cara que estaba desesperada en aquel momento. A su lado estaba Vince, un hombre alto de pelo medio canoso, ojos verdes parecidos a los míos y aspecto desgarbado. Ese hombre que era mi padre, aunque yo no quisiera admitirlo.
Vince se volvió hacia mí con una leve sonrisa y abrió los brazos ampliamente mientras me decía “Hola hija, te he echado de menos”. Se acercó a mí para intentar darme un abrazo pero yo volví la cara y me aparté mientras tiraba de mi hermano hacia atrás.
-Vamos hija.-Dijo él.- ¿No me guardarás rencor por la estupidez que cometí hace unos años?
-No, en absoluto. No me molesta que nos dejaras tirados sin medios económicos, con una familia que mantener, cuando yo solo era una niña. No me molesta que Jeff y yo creciéramos sin padre. No me molesta que mi madre estuviera completamente sola. No me molesta que te olvidaras de nosotros y nos abandonaras como perros inútiles en una perrera. Y tampoco me molesta que vengas después de once años diciéndome que no te guarde rencor por una estupidez que cometiste y que me ha jodido completamente mi infancia y mi vida. Nuestra vida.-Solté de sopetón. Vince retrocedió sorprendido y confuso ante ese discurso acusador y lleno de rencor y odio.
-Gin…-Susurró mi hermano ocultándose un poco más de él.
-Jeffrey, hijo mío, ¿no me odias por lo que hice, verdad?-Insistió el esbozando una sonrisa. Mi hermano ni siquiera se dignó a mirarle, ni le contestó. Ni una mirada, una señal de amor hacia él. Nada.
Se alejó un poco más y se dirigió a mi madre enfurecido.
-¡Tú has hecho esto! ¡Tú has hecho que me odien!-Gritó mientras se aproximaba a mi madre.- Eres una zorra, no te mereces nada.-Susurró después. Vi como lágrimas de dolor brotaban de los ojos de mi madre, que retrocedía instintivamente.
-No tienes ni idea.-Dije inconscientemente.- No tienes ni idea de lo que es que te dejen sola, no tener ni un apoyo, nadie a quien recurrir cuando las cosas van mal. El único que no se merece nada aquí eres tú… Vince.- Ni siquiera podía llamarle “papá”. Le odiaba demasiado. Sentía cada una de las palabras que soltaba. Era cierto, no le soportaba, no se merecía nuestro cariño ni nuestro aprecio. Ni siquiera se merecía que le hablara.
-¿Cómo te atreves a decirle eso a tu padre, jovencita?-Me espetó él frunciendo el entrecejo.
-No Vince.-Dije con frialdad.- Tú no eres mi padre. Y no eres bienvenido aquí.
Vince frunció aún más el entrecejo, alzó los brazos y gritó:
-¡Pues vale! ¡No os necesito! Estúpidos, venía para arreglarlo y me echáis a patadas. ¡Que os den!
-Entonces.-Dijo mi madre.- Estás tardando demasiado en irte si nos consideras estúpidos y no nos necesitas.
Vince farfulló algo ininteligible y salió rápidamente del apartamento sin dignarse a decirnos adiós, dando un portazo.
Mi hermano Jeff se soltó de mi mano y corrió escaleras arriba a su habitación, mientras mi madre se ocultaba en la cocina con lágrimas corriéndole por las mejillas.
En aquel momento me faltaba el aire, estaba agobiada, frustrada. El dolor, la rabia y la impotencia de no haber podido hacer algo más hacían que mis pensamientos se turbaran y me costara hacerme a la idea de lo que acababa de pasar. Necesitaba a alguien. Necesitaba a Liam.
Salí corriendo del apartamento a trompicones y bajé las escaleras sorprendentemente rápido. Abrí la puerta del portal y me lancé sobre Liam, que me rodeó con los brazos al instante.
-Por favor sácame de aquí.-Balbuceé mientras me aferraba con más fuerza a él.
Liam me subió a la moto sin articular palabras y arrancó, acelerando por la calle mayor hacia una dirección desconocida para mí.
Mis pensamientos todavía estaban dispersos cuando llegamos a una casa de ladrillo rojo de dos pisos, con unas escaleras grises que daban a la puerta de entrada, lacada en blanco. Sobre la puerta de entrada había un porche con tejas de pizarra. En el piso superior había dos ventanas blancas con unos barrotes bajos de color azabache con unas cuantas plantas colgando de ellos. Parecía la casa de una familia adinerada. La familia de Liam, por ejemplo.
-Te quedarás hasta mañana, ¿te importa?-Me preguntó mientras me rodeaba con los brazos  y prácticamente me arrastraba hacia esas escaleras. No sabía qué contestar, estaba en shock por… Por todo en realidad. Aunque no obtuvo respuesta me hizo entrar en su casa y me llevó al salón. Era amplio, bien iluminado y de aspecto antiguo. Había una pequeña chimenea de ladrillo rojo donde reposaban varias fotografías de Liam y su familia. Dos sofás verdes colocados uno en frente de otro, separados únicamente por una pequeña mesita de café con cincelados en las patas, estaban repletos de cojines en tonos marrones. La televisión estaba al otro lado del salón, situada sobre una mesa alargada y baja de madera, donde reposaba una PlayStation con varios juegos y un reproductor de DVD. Algo más separado de los sofás había una mesa ancha con varias sillas tapizadas en verde a su alrededor, con un mantel del mismo tono por encima. Detrás de la mesa había un armario con grabados parecidos a los de la mesita de café, lleno de platos, vasos y cara cubertería de plata. Toda esta sala estaba pintada en verde claro, suavizando el ambiente, dando sensación de tranquilidad y sosiego.
Estaba escrutando cada detalle del salón cuando Liam apareció con una taza humeante de color crema en las manos y una adorable sonrisa en la cara.
-Siéntate, estás en tu casa.-Dijo mientras se sentaba en uno de los sofás verdes y me indicaba que me sentara a su lado. Me dejé caer en el sofá y acaricié su tacto aterciopelado suavemente.
-Toma, te sentará bien.-Liam me tendió la taza que llevaba en las manos, yo la cogí insegura, pero al notar el calor que desprendía me aferré con más fuerza a ella. Olía a té, té de bergamota.
-Gracias.-Musité sorbiendo un poco de ese delicioso y aromático té. Me abrasé la lengua cuando el té humeante se introdujo en mi boca, así que dejé la taza sobre la mesita de madera tallada y tragué ese líquido amargo haciendo que mi garganta se pusiera al rojo vivo.-Dios, como quema.- Dije mientras inspiraba y espiraba aire para aliviar la quemazón.
-Se me olvidó decírtelo.-Dijo con una pizca de culpabilidad en la voz.- ¿Quieres agua fría?
-No, está bien, pero será mejor que lo deje enfriar.
Se hizo el silencio por un momento, hasta que Liam decidió añadir:
-Vi salir a tu padre…
-No es mi padre.-Le corté.- Es Vince.
-Vale, lo siento. Vi salir a Vince enfurecido, ¿qué pasó en tu casa?
-¿Podemos hablar de ese tema mañana por favor?-Dije en tono suplicante.
-Cuando tú quieras.-Liam me besó en la frente y se levantó del sofá.
-¿Dónde vas?-Pregunté mientras él rodeaba el sofá.
-A buscarte un pijama, a no ser que quieras dormir sin él.
-No quiero molestar… En serio, puedo ir a dormir a casa.
-No, te quedas aquí, tu hermano me ha mandado un mensaje, dice que lo mejor que puedes hacer es mantenerte alejada de tu casa al menos hasta mañana.
-Mi hermano saca las cosas de quicio, no le hagas caso.-Resoplé y me aparté un mechón de pelo de la cara.
-Tú te quedas, no se hable más.- Sentenció a la vez que subía las escaleras de esa lujosa vivienda. Me tomé mi té de bergamota con parsimonia y lo llevé la taza a la cocina. Parecía una estancia digna de un chef profesional, con vitro cerámica reluciente en medio de la cocina, con varias sartenes, cazos y espumaderas colgando de una campana extractora de metal brillante. Las encimeras, a ambos lados de la vitro, eran de mármol blanco. En la encimera derecha había cinco cajones, a cual más grande, con puertas de madera lacada en blanco. En la encimera izquierda, sin embargo, se encontraba un fregadero de acero inoxidable con un lavavajillas Bosch debajo y, encima de él,  un armario pequeño de color blanco con agarraderas de metal.
Salí de esa espectacular cocina y me dirigí a las escaleras. ¿Qué hacía? ¿Subía? ¿O me quedaba en el salón, donde me había dejado Liam? Antes de darme cuenta ya estaba moviendo las piernas inconscientemente escaleras arriba, hacia aquel largo pasillo cubierto por una alfombra roja con bordados verdes y dorados, con numerosas habitaciones a ambos lados, todas cerradas. Cuando llegué al final del pasillo había una puerta de madera de roble con el pomo dorado entreabierta, así que me decidí a entrar.
La puerta chirrió levemente cuando la empujé para adentrarme en esa habitación. Estaba bien iluminada, ya que había una ventana inmensa decorada con cortinas azules y grises. Había un armario gris con varios cajones al lado de una cama-nido azul, y en frente se encontraba una gran estantería repleta de gruesos libros llenos de polvo. Cogí uno y leí el título: “Corazón de Tinta”, lo adoraba, ya había perdido la cuenta de cuántas veces lo había leído.
-¿Te lo has leído?-Dijo una voz detrás de mí.
-Sí, la verdad es que me encanta…-Contesté tímida mientras me giraba.
-¿Te gusta mi habitación?-Preguntó Liam mientras dejaba una manta en su cama.
-Está… Genial.-Miré a mí alrededor de nuevo y añadí:
-Es más grande que la mía. De hecho toda tu casa es más grande que la mía.
Liam se encogió de hombros.
-Mis padres son… Especiales en este tema. Mi madre es decoradora de interiores y mi padre empresario. Es un dolor.-Dijo mientras soltaba un bufido.
-¿Están aquí?
-No, mi madre está en York y mi padre en Manchester. No volverán hasta el sábado.
-¿Vas a estar solo hasta entonces? Si hoy es miércoles.
-Perfecto, así no me controlan como a un robot. Es frustrante.
Me quedé callada, ¿de verdad odiaba tanto todo eso? Yo daría lo que fuera por estar en su situación.
-Liam.
-Dime Gin.
-¿A tus padres no les importará que me quede aquí esta noche?
-¿Les ves aquí?
-No.
-Entonces seguro que no.
Liam me sonrió y se dio media vuelta para salir de la habitación.
-Espera aquí, voy a buscarte un pijama.
-No hace falta, en serio…-Empecé a decir, pero Liam ya había salido por la puerta.
Me senté en la cama tras retirar la manta que había dejado Liam y hojeé el libro de que había cogido.  Estaba ligeramente lleno de polvo, pero ni una hoja estaba arrugada, y la tapa seguía como nueva.
No pude resistir la tentación volví a aquella estantería en busca de más libros. Había una amplia variedad que pasaba por obras de Shakespeare tales como “Romeo y Julieta” hasta dar con las trilogías de Suzzane Collins. Era el paraíso literario.
Cogí un libro de un grosor considerable que estaba cubierto de polvo. La tapa era negra con detalles dorados, y en la portada se leía “Cazadores de Sombras”. Había oído hablar de ese libro.
-¿Te gusta mucho la lectura eh?
En ese instante Liam entró de nuevo en la habitación con una pequeña pila de ropa en las manos.
-Es una de las mejores cosas que hay en el mundo.-Respondí dejando el libro donde lo había encontrado.
-Pues si quieres alguno puedes llevártelo, yo ya los he leído.-Me dijo con una sonrisa.
-¿En serio?
Liam asintió mientras me daba el libro que acababa de dejar.
-Llévatelo, te gustará.
-Gracias.-Estreché el libro y le quité un poco el polvo restante.
-Por cierto, sólo he encontrado seis  pijamas, no sé cuál te quedará bien.-Me dio la pila de ropa y añadió:
-El baño está en la puerta de al lado, puedes ir a probártelos si quieres.
-Gracias, pero no necesitaba tantos, con una camiseta larga me apañaba.-Sonreí y me fui al baño.
El primer pijama era un camisón de tirantes de raso lila con bordados blancos en el corte. Demasiado para mí. Lo doblé cuidadosamente y cogí el siguiente pijama, que era un conjunto verde pistacho compuesto por una fina camiseta de tirantes y un pantalón con bordados, tampoco me gustaba. Cuando me puse el tercer pijama, hecho de algodón y con un estampado de flores me sentí tan cómoda que ni me molesté en seguir probándome el resto. Los cogí procurando no arrugarlos y salí del baño para entrar de nuevo a la habitación de Liam.
-Estás muy guapa.-Me dijo nada más traspasar el umbral de la puerta.
-Gracias.-Sonreí y dejé los pijamas en una silla que había al lado del armario.
-¿Quieres cenar? ¿O algo? Cualquier cosa que necesites me lo dices.
-Liam, tranquilo, estoy bien. No quiero cenar ni nada por el estilo.
-Vale… ¿Seguro que no quieres nada?-Insistió él.
-Seguro.-Dije en tono cansino mientras le miraba.- Voy a llamar a mi hermano, ¿te importa si salgo?
-En absoluto.-Contestó sonriente. Le devolví la sonrisa y salí para dirigirme al salón mientras marcaba el número de mi hermano.
-¿Jeff?
-Hola Gin.
-¿Estás bien?
-Sí…-Dijo sin mucho convencimiento.
-¿Seguro?
-Sí, es que lo de antes ha sido… Raro. Cómo has hablado, lo segura que parecías.-Noté cómo le temblaba la voz mientras decía eso.- Y yo no he podido hacer nada, simplemente ocultarme detrás de ti. Es penoso.
-No lo es, no seas estúpido.- Hice una pausa y añadí:
-La verdad es que estaba asustada, pero tenía que ser fuerte por los dos. Tú eres demasiado pequeño para enfrentarte a eso.
-¿Vas a estar mucho tiempo en casa de Liam?
-Mañana volveré a casa. ¿Qué tal está mamá?-La verdad es que estaba preocupada por ella.
-Creo que está bien, no ha salido de su habitación desde que te fuiste, pero las veces que he entrado parecía estar… tranquila.
-Mañana hablaré con ella… Creo que ha sido peor para mamá que para nosotros.
-Yo también lo pienso.-Jeff se quedó callado durante un rato, creo que no sabía qué decir.
-Jeffrey, tengo que colgarte, ha sido un día un tanto raro y los dos necesitamos descansar. Buenas noches, nos vemos mañana.-Dije finalmente, le lancé un beso al auricular y colgué.
Cuando hube terminado de hablar con él subí de nuevo a la habitación, donde estaba Liam leyendo un libro.
-¿Qué tal estaba?-Preguntó cuándo cerré la puerta.
-Él dice que bien pero… Está raro. Afectado, diría yo.
-Es… Normal.-Liam dejó el libro y me hizo un gesto para que me sentara a su lado en la cama.- ¿Quieres contármelo o prefieres guardártelo?
-No estoy muy segura de lo que debo hacer. Tal vez me sienta mejor si te lo cuento, aunque yo esté acostumbrada a guardármelo todo.
-No estás obligada a contármelo, son tus problemas y por tanto tus decisiones.- Me dio un beso en la mejilla y se recostó en la cama. Me tumbé a su lado y acurruqué mi cabeza contra su pecho. Instintivamente le rodeé con los brazos mientras él acariciaba mi pelo. Me encantaba esa sensación. Sentirme apreciada, querida. Sentir que alguien me quería era lo más gratificante de ese mundo.
-Liam…-Susurré.
-Dime Gin.
-¿Todavía puedo contártelo?
-Sin duda alguna.
-Está bien… Como sabes, Vince, mi padre, nos abandonó hace once años. No se lo voy a perdonar nunca, creo que ya lo tiene claro… Hoy ha venido a nuestra casa como si nada hubiera pasado y nos ha dicho que no le guardáramos rencor, que solo había sido un estúpido error.- Hice una pausa y respiré hondo.- Obviamente le eché a patadas, no voy a dejar que ese tipo cambie mi vida tras haberla arruinado completamente.
-No sé qué decir… No tiene vergüenza. Es decir, ¿cómo puede hacer eso a su propia familia?- Se notaba que Liam estaba sorprendido, no hablaba con claridad y su voz había empezado a temblar ligeramente.
-Yo… Lo siento. Siento que te haya pasado eso. No lo mereces. Nadie lo merece.-Dijo finalmente tratando de poner tono firme.
-Gracias por escucharme.-Le abracé con fuerza y hundí de nuevo la cabeza en su pecho, mientras en me rodeaba con los brazos y me acercaba a él.- Te quiero.
-Y yo a ti pequeña.
Y fue esa frase la que hizo que mis males no fueran tan malos al final de esa catastrófica tarde. Y todo gracias a él, simplemente él.
FIN DEL CAPÍTULO 9