-¿Cómo que ha vuelto?
¿Quién?-Liam parecía realmente preocupado.
-Sólo llévame a casa… Es un corazonada.-Pasé
por delante de él ignorando su pregunta.
-Gin.-Me sujetó del brazo.-
¿Quién ha vuelto?
Tragué saliva de nuevo y le miré
fijamente a los ojos. Esto iba a dolerme si de verdad era así.
-Mi padre.
Liam me soltó del brazo. Me miró
confuso y cogió las llaves de su moto del bolsillo.
-Te llevo a casa.
Nos subimos a la moto en silencio
y salimos de allí.
-Gin…-Dijo a mitad de camino.- ¿A
qué te refieres con que ha vuelto? ¿Estaba de viaje?
-Algo así.-Suspiré conteniendo
las lágrimas.- Nos abandonó cuando era una niña. Ahora… Ha vuelto otra vez.
-Si necesitas algo ya sabes dónde
estaré.-Me respondió compasivo.
-Te llamaré en cuanto salga de
casa, mantente cerca por favor, saldré corriendo en cuanto tenga la
oportunidad.
-Está bien. ¿Necesitas un apoyo?
-No. Si está Jeff estaré bien… Al
menos un rato.
Nos mantuvimos en silencio el
resto del viaje, cada uno absorto en sus pensamientos. Por mi parte estaba
rezando porque esa “visita” no durará más de cinco minutos, sabía que si se
quedaba acabaría echándole a patadas.
Cuando llegamos Jeff estaba
sentado en las escaleras del portal con la cabeza hundida en las manos. Me bajé
apresuradamente de la moto y corrí hacia él.
-¡Jeff! ¿Está aquí?
Mi hermano levantó la cabeza.
Tenía los ojos vidriosos y había muestras notables de que había estado
llorando. Se limitó a asentir con la cabeza y la volvió a hundir en sus manos.
-Jeff… Escúchame. Ahora vamos a
subir a casa los dos juntos, no podemos dejar a mamá sola en esto, ¿vale? No
puedo hacerlo si ti.
Jeff se levantó de las escaleras
y recuperó la compostura, se secó los restos de lágrimas y asintió. Abrió el
portal y entró, yo me dispuse a seguirle, pero me giré hacia Liam, que seguía
de pie apoyado en la moto. Movió los labios sin emitir ningún sonido,
diciéndome que procurara ser fuerte, a lo que yo simplemente asentí con desgana
mientras me colaba por un hueco entre el marco y la pesada puerta de metal del
portal justo antes de que se cerrase.
Alcancé a Jeff en las escaleras y
estreché se mano con fuerza mientras llegábamos a nuestro piso. Se podían oír
los gritos desde fuera de la puerta. Me hervía la sangre, no podía soportar que
mi… Ese hombre chillara a mi madre. Saqué las llaves con premura del bolsillo y
abrí la puerta con fuerza. Allí delante estaba mi madre, se la notaba en la cara
que estaba desesperada en aquel momento. A su lado estaba Vince, un hombre alto
de pelo medio canoso, ojos verdes parecidos a los míos y aspecto desgarbado.
Ese hombre que era mi padre, aunque yo no quisiera admitirlo.
Vince se volvió hacia mí con una
leve sonrisa y abrió los brazos ampliamente mientras me decía “Hola hija, te he
echado de menos”. Se acercó a mí para intentar darme un abrazo pero yo volví la
cara y me aparté mientras tiraba de mi hermano hacia atrás.
-Vamos hija.-Dijo él.- ¿No me
guardarás rencor por la estupidez que cometí hace unos años?
-No, en absoluto. No me molesta
que nos dejaras tirados sin medios económicos, con una familia que mantener,
cuando yo solo era una niña. No me molesta que Jeff y yo creciéramos sin padre.
No me molesta que mi madre estuviera completamente sola. No me molesta que te
olvidaras de nosotros y nos abandonaras como perros inútiles en una perrera. Y
tampoco me molesta que vengas después de once años diciéndome que no te guarde
rencor por una estupidez que cometiste y que me ha jodido completamente mi
infancia y mi vida. Nuestra vida.-Solté de sopetón. Vince retrocedió
sorprendido y confuso ante ese discurso acusador y lleno de rencor y odio.
-Gin…-Susurró mi hermano
ocultándose un poco más de él.
-Jeffrey, hijo mío, ¿no me odias
por lo que hice, verdad?-Insistió el esbozando una sonrisa. Mi hermano ni
siquiera se dignó a mirarle, ni le contestó. Ni una mirada, una señal de amor
hacia él. Nada.
Se alejó un poco más y se dirigió
a mi madre enfurecido.
-¡Tú has hecho esto! ¡Tú has
hecho que me odien!-Gritó mientras se aproximaba a mi madre.- Eres una zorra,
no te mereces nada.-Susurró después. Vi como lágrimas de dolor brotaban de los
ojos de mi madre, que retrocedía instintivamente.
-No tienes ni idea.-Dije inconscientemente.-
No tienes ni idea de lo que es que te dejen sola, no tener ni un apoyo, nadie a
quien recurrir cuando las cosas van mal. El único que no se merece nada aquí
eres tú… Vince.- Ni siquiera podía llamarle “papá”. Le odiaba demasiado. Sentía
cada una de las palabras que soltaba. Era cierto, no le soportaba, no se
merecía nuestro cariño ni nuestro aprecio. Ni siquiera se merecía que le
hablara.
-¿Cómo te atreves a decirle eso a
tu padre, jovencita?-Me espetó él frunciendo el entrecejo.
-No Vince.-Dije con frialdad.- Tú
no eres mi padre. Y no eres bienvenido aquí.
Vince frunció aún más el
entrecejo, alzó los brazos y gritó:
-¡Pues vale! ¡No os necesito!
Estúpidos, venía para arreglarlo y me echáis a patadas. ¡Que os den!
-Entonces.-Dijo mi madre.- Estás
tardando demasiado en irte si nos consideras estúpidos y no nos necesitas.
Vince farfulló algo ininteligible
y salió rápidamente del apartamento sin dignarse a decirnos adiós, dando un
portazo.
Mi hermano Jeff se soltó de mi mano
y corrió escaleras arriba a su habitación, mientras mi madre se ocultaba en la
cocina con lágrimas corriéndole por las mejillas.
En aquel momento me faltaba el
aire, estaba agobiada, frustrada. El dolor, la rabia y la impotencia de no
haber podido hacer algo más hacían que mis pensamientos se turbaran y me
costara hacerme a la idea de lo que acababa de pasar. Necesitaba a alguien.
Necesitaba a Liam.
Salí corriendo del apartamento a
trompicones y bajé las escaleras sorprendentemente rápido. Abrí la puerta del
portal y me lancé sobre Liam, que me rodeó con los brazos al instante.
-Por favor sácame de
aquí.-Balbuceé mientras me aferraba con más fuerza a él.
Liam me subió a la moto sin
articular palabras y arrancó, acelerando por la calle mayor hacia una dirección
desconocida para mí.
Mis pensamientos todavía estaban
dispersos cuando llegamos a una casa de ladrillo rojo de dos pisos, con unas
escaleras grises que daban a la puerta de entrada, lacada en blanco. Sobre la
puerta de entrada había un porche con tejas de pizarra. En el piso superior
había dos ventanas blancas con unos barrotes bajos de color azabache con unas
cuantas plantas colgando de ellos. Parecía la casa de una familia adinerada. La
familia de Liam, por ejemplo.
-Te quedarás hasta mañana, ¿te importa?-Me
preguntó mientras me rodeaba con los brazos y prácticamente me arrastraba hacia esas
escaleras. No sabía qué contestar, estaba en shock por… Por todo en realidad.
Aunque no obtuvo respuesta me hizo entrar en su casa y me llevó al salón. Era
amplio, bien iluminado y de aspecto antiguo. Había una pequeña chimenea de
ladrillo rojo donde reposaban varias fotografías de Liam y su familia. Dos
sofás verdes colocados uno en frente de otro, separados únicamente por una
pequeña mesita de café con cincelados en las patas, estaban repletos de cojines
en tonos marrones. La televisión estaba al otro lado del salón, situada sobre
una mesa alargada y baja de madera, donde reposaba una PlayStation con varios
juegos y un reproductor de DVD. Algo más separado de los sofás había una mesa
ancha con varias sillas tapizadas en verde a su alrededor, con un mantel del
mismo tono por encima. Detrás de la mesa había un armario con grabados
parecidos a los de la mesita de café, lleno de platos, vasos y cara cubertería
de plata. Toda esta sala estaba pintada en verde claro, suavizando el ambiente,
dando sensación de tranquilidad y sosiego.
Estaba escrutando cada detalle
del salón cuando Liam apareció con una taza humeante de color crema en las
manos y una adorable sonrisa en la cara.
-Siéntate, estás en tu casa.-Dijo
mientras se sentaba en uno de los sofás verdes y me indicaba que me sentara a
su lado. Me dejé caer en el sofá y acaricié su tacto aterciopelado suavemente.
-Toma, te sentará bien.-Liam me
tendió la taza que llevaba en las manos, yo la cogí insegura, pero al notar el
calor que desprendía me aferré con más fuerza a ella. Olía a té, té de
bergamota.
-Gracias.-Musité sorbiendo un
poco de ese delicioso y aromático té. Me abrasé la lengua cuando el té humeante
se introdujo en mi boca, así que dejé la taza sobre la mesita de madera tallada
y tragué ese líquido amargo haciendo que mi garganta se pusiera al rojo
vivo.-Dios, como quema.- Dije mientras inspiraba y espiraba aire para aliviar
la quemazón.
-Se me olvidó decírtelo.-Dijo con
una pizca de culpabilidad en la voz.- ¿Quieres agua fría?
-No, está bien, pero será mejor
que lo deje enfriar.
Se hizo el silencio por un
momento, hasta que Liam decidió añadir:
-Vi salir a tu padre…
-No es mi padre.-Le corté.- Es
Vince.
-Vale, lo siento. Vi salir a
Vince enfurecido, ¿qué pasó en tu casa?
-¿Podemos hablar de ese tema
mañana por favor?-Dije en tono suplicante.
-Cuando tú quieras.-Liam me besó
en la frente y se levantó del sofá.
-¿Dónde vas?-Pregunté mientras él
rodeaba el sofá.
-A buscarte un pijama, a no ser
que quieras dormir sin él.
-No quiero molestar… En serio,
puedo ir a dormir a casa.
-No, te quedas aquí, tu hermano
me ha mandado un mensaje, dice que lo mejor que puedes hacer es mantenerte
alejada de tu casa al menos hasta mañana.
-Mi hermano saca las cosas de
quicio, no le hagas caso.-Resoplé y me aparté un mechón de pelo de la cara.
-Tú te quedas, no se hable más.-
Sentenció a la vez que subía las escaleras de esa lujosa vivienda. Me tomé mi
té de bergamota con parsimonia y lo llevé la taza a la cocina. Parecía una
estancia digna de un chef profesional, con vitro cerámica reluciente en medio
de la cocina, con varias sartenes, cazos y espumaderas colgando de una campana
extractora de metal brillante. Las encimeras, a ambos lados de la vitro, eran
de mármol blanco. En la encimera derecha había cinco cajones, a cual más
grande, con puertas de madera lacada en blanco. En la encimera izquierda, sin
embargo, se encontraba un fregadero de acero inoxidable con un lavavajillas
Bosch debajo y, encima de él, un armario
pequeño de color blanco con agarraderas de metal.
Salí de esa espectacular cocina y
me dirigí a las escaleras. ¿Qué hacía? ¿Subía? ¿O me quedaba en el salón, donde
me había dejado Liam? Antes de darme cuenta ya estaba moviendo las piernas
inconscientemente escaleras arriba, hacia aquel largo pasillo cubierto por una
alfombra roja con bordados verdes y dorados, con numerosas habitaciones a ambos
lados, todas cerradas. Cuando llegué al final del pasillo había una puerta de
madera de roble con el pomo dorado entreabierta, así que me decidí a entrar.
La puerta chirrió levemente
cuando la empujé para adentrarme en esa habitación. Estaba bien iluminada, ya
que había una ventana inmensa decorada con cortinas azules y grises. Había un
armario gris con varios cajones al lado de una cama-nido azul, y en frente se
encontraba una gran estantería repleta de gruesos libros llenos de polvo. Cogí
uno y leí el título: “Corazón de Tinta”, lo adoraba, ya había perdido la cuenta
de cuántas veces lo había leído.
-¿Te lo has leído?-Dijo una voz
detrás de mí.
-Sí, la verdad es que me
encanta…-Contesté tímida mientras me giraba.
-¿Te gusta mi
habitación?-Preguntó Liam mientras dejaba una manta en su cama.
-Está… Genial.-Miré a mí
alrededor de nuevo y añadí:
-Es más grande que la mía. De
hecho toda tu casa es más grande que la mía.
Liam se encogió de hombros.
-Mis padres son… Especiales en
este tema. Mi madre es decoradora de interiores y mi padre empresario. Es un
dolor.-Dijo mientras soltaba un bufido.
-¿Están aquí?
-No, mi madre está en York y mi
padre en Manchester. No volverán hasta el sábado.
-¿Vas a estar solo hasta
entonces? Si hoy es miércoles.
-Perfecto, así no me controlan
como a un robot. Es frustrante.
Me quedé callada, ¿de verdad
odiaba tanto todo eso? Yo daría lo que fuera por estar en su situación.
-Liam.
-Dime Gin.
-¿A tus padres no les importará
que me quede aquí esta noche?
-¿Les ves aquí?
-No.
-Entonces seguro que no.
Liam me sonrió y se dio media
vuelta para salir de la habitación.
-Espera aquí, voy a buscarte un
pijama.
-No hace falta, en serio…-Empecé
a decir, pero Liam ya había salido por la puerta.
Me senté en la cama tras retirar
la manta que había dejado Liam y hojeé el libro de que había cogido. Estaba ligeramente lleno de polvo, pero ni
una hoja estaba arrugada, y la tapa seguía como nueva.
No pude resistir la tentación
volví a aquella estantería en busca de más libros. Había una amplia variedad
que pasaba por obras de Shakespeare tales como “Romeo y Julieta” hasta dar con
las trilogías de Suzzane Collins. Era el paraíso literario.
Cogí un libro de un grosor
considerable que estaba cubierto de polvo. La tapa era negra con detalles
dorados, y en la portada se leía “Cazadores de Sombras”. Había oído hablar de
ese libro.
-¿Te gusta mucho la lectura eh?
En ese instante Liam entró de
nuevo en la habitación con una pequeña pila de ropa en las manos.
-Es una de las mejores cosas que
hay en el mundo.-Respondí dejando el libro donde lo había encontrado.
-Pues si quieres alguno puedes
llevártelo, yo ya los he leído.-Me dijo con una sonrisa.
-¿En serio?
Liam asintió mientras me daba el
libro que acababa de dejar.
-Llévatelo, te gustará.
-Gracias.-Estreché el libro y le
quité un poco el polvo restante.
-Por cierto, sólo he encontrado
seis pijamas, no sé cuál te quedará
bien.-Me dio la pila de ropa y añadió:
-El baño está en la puerta de al
lado, puedes ir a probártelos si quieres.
-Gracias, pero no necesitaba
tantos, con una camiseta larga me apañaba.-Sonreí y me fui al baño.
El primer pijama era un camisón
de tirantes de raso lila con bordados blancos en el corte. Demasiado para mí.
Lo doblé cuidadosamente y cogí el siguiente pijama, que era un conjunto verde
pistacho compuesto por una fina camiseta de tirantes y un pantalón con
bordados, tampoco me gustaba. Cuando me puse el tercer pijama, hecho de algodón
y con un estampado de flores me sentí tan cómoda que ni me molesté en seguir
probándome el resto. Los cogí procurando no arrugarlos y salí del baño para
entrar de nuevo a la habitación de Liam.
-Estás muy guapa.-Me dijo nada
más traspasar el umbral de la puerta.
-Gracias.-Sonreí y dejé los
pijamas en una silla que había al lado del armario.
-¿Quieres cenar? ¿O algo?
Cualquier cosa que necesites me lo dices.
-Liam, tranquilo, estoy bien. No
quiero cenar ni nada por el estilo.
-Vale… ¿Seguro que no quieres
nada?-Insistió él.
-Seguro.-Dije en tono cansino
mientras le miraba.- Voy a llamar a mi hermano, ¿te importa si salgo?
-En absoluto.-Contestó sonriente.
Le devolví la sonrisa y salí para dirigirme al salón mientras marcaba el número
de mi hermano.
-¿Jeff?
-Hola Gin.
-¿Estás bien?
-Sí…-Dijo sin mucho
convencimiento.
-¿Seguro?
-Sí, es que lo de antes ha sido…
Raro. Cómo has hablado, lo segura que parecías.-Noté cómo le temblaba la voz
mientras decía eso.- Y yo no he podido hacer nada, simplemente ocultarme detrás
de ti. Es penoso.
-No lo es, no seas estúpido.-
Hice una pausa y añadí:
-La verdad es que estaba
asustada, pero tenía que ser fuerte por los dos. Tú eres demasiado pequeño para
enfrentarte a eso.
-¿Vas a estar mucho tiempo en
casa de Liam?
-Mañana volveré a casa. ¿Qué tal
está mamá?-La verdad es que estaba preocupada por ella.
-Creo que está bien, no ha salido
de su habitación desde que te fuiste, pero las veces que he entrado parecía
estar… tranquila.
-Mañana hablaré con ella… Creo
que ha sido peor para mamá que para nosotros.
-Yo también lo pienso.-Jeff se
quedó callado durante un rato, creo que no sabía qué decir.
-Jeffrey, tengo que colgarte, ha
sido un día un tanto raro y los dos necesitamos descansar. Buenas noches, nos
vemos mañana.-Dije finalmente, le lancé un beso al auricular y colgué.
Cuando hube terminado de hablar
con él subí de nuevo a la habitación, donde estaba Liam leyendo un libro.
-¿Qué tal estaba?-Preguntó cuándo
cerré la puerta.
-Él dice que bien pero… Está
raro. Afectado, diría yo.
-Es… Normal.-Liam dejó el libro y
me hizo un gesto para que me sentara a su lado en la cama.- ¿Quieres contármelo
o prefieres guardártelo?
-No estoy muy segura de lo que
debo hacer. Tal vez me sienta mejor si te lo cuento, aunque yo esté
acostumbrada a guardármelo todo.
-No estás obligada a contármelo,
son tus problemas y por tanto tus decisiones.- Me dio un beso en la mejilla y
se recostó en la cama. Me tumbé a su lado y acurruqué mi cabeza contra su
pecho. Instintivamente le rodeé con los brazos mientras él acariciaba mi pelo.
Me encantaba esa sensación. Sentirme apreciada, querida. Sentir que alguien me
quería era lo más gratificante de ese mundo.
-Liam…-Susurré.
-Dime Gin.
-¿Todavía puedo contártelo?
-Sin duda alguna.
-Está bien… Como sabes, Vince, mi
padre, nos abandonó hace once años. No se lo voy a perdonar nunca, creo que ya
lo tiene claro… Hoy ha venido a nuestra casa como si nada hubiera pasado y nos
ha dicho que no le guardáramos rencor, que solo había sido un estúpido error.-
Hice una pausa y respiré hondo.- Obviamente le eché a patadas, no voy a dejar
que ese tipo cambie mi vida tras haberla arruinado completamente.
-No sé qué decir… No tiene
vergüenza. Es decir, ¿cómo puede hacer eso a su propia familia?- Se notaba que
Liam estaba sorprendido, no hablaba con claridad y su voz había empezado a
temblar ligeramente.
-Yo… Lo siento. Siento que te
haya pasado eso. No lo mereces. Nadie lo merece.-Dijo finalmente tratando de
poner tono firme.
-Gracias por escucharme.-Le
abracé con fuerza y hundí de nuevo la cabeza en su pecho, mientras en me
rodeaba con los brazos y me acercaba a él.- Te quiero.
-Y yo a ti pequeña.
Y fue esa frase la que hizo que
mis males no fueran tan malos al final de esa catastrófica tarde. Y todo
gracias a él, simplemente él.
FIN DEL CAPÍTULO 9
No hay comentarios:
Publicar un comentario