Después de esa declaración de
amor me quedé dormida en el pecho de Liam mientras él me acariciaba el pelo. Me
quedé bastante intranquila después de averiguar quién le había hecho eso a
Liam. ¿Por qué le pegaron? Es decir, es un buen chico, seguro que no les
provocó para que le hicieran eso, no tendría ningún sentido.
Un suave toquecito en el hombro
me sacó de mis pensamientos y mi profundo sueño, haciéndome abrir los ojos con
dificultad.
-Gin, son las dos de la tarde,
creo que debería llevarte a casa.-Dijo Liam en voz baja.
Me incorporé y me froté los ojos
tras quitarme las gafas, ¿tanto había dormido? No quería irme a casa, seguro
que mi madre y mi hermano me acosarían a preguntas y no me apetecía nada tener
que inventarme una historia con la que justificar mi constante ausencia en
casa.
-Liam, no quiero irme… Ni
siquiera hemos redecorado el desván.-Contesté con ojos suplicantes.
- Está bien, colocamos todo esto,
pero primero llamas a tu madre y la dices que te quedas a comer a mi casa.
-¿En serio?-Dije
sonriente.-Gracias, gracias, gracias.
Cogí mi móvil de la mochila con
rapidez y marqué el número de mi madre.
-Hola mamá.
-Gin, ¿dónde estás? Hace media
hora que te estoy esperando, Jeff me ha dicho que no había habido instituto.
-Lo sé mamá, lo siento. Voy a
quedarme a comer en casa de Liam, un amigo mío y luego iremos a dar una vuelta.
-¿Los dos solos?-Preguntó mi
madre con un tono de desconfianza que no me gustó nada.
-No, vamos con los demás, Barbie,
Harry, Brooke, Niall, Zayn… Todos juntos.-Bufé yo. Odiaba cuando mi madre se
ponía así.
-Está bien. Pasáoslo bien y no
llegues muy tarde a casa, ¿vale?
-Vale mamá, un beso.
Colgué el teléfono y me giré
hacia Liam, que sonreía incrédulo.
-¿Qué?-Pregunté riendo.
-Es increíble cómo puedes
inventar historias para que tu madre te deje hacer lo que quieras.
-No invento, solo tergiverso la
verdad. No es lo mismo.
-Claro que sí mi amor. ¿Me ayudas
a colocar esto?-Preguntó mientras cogía la funda para el sofá de mi mochila y
me lo lanzaba.
-¿Amor? ¿En serio?-Respondí
sonriendo inevitablemente.
-Perdona si te llamo amor.-Liam
se encogió de hombros y siguió sacando cosas de mi mochila: la linterna, los
cojines, una alfombra pequeña…
-No me molesta que me lo llames.
-Ni a mí llamártelo.
-¿Sabes?-Dije entre risas.- Esta
clase de relación noño-romántica es la misma que llevo intentando evitar
durante varios años.
-Bueno, si quieres puedo dejarlo
y empezar a actuar como un chico malo… Nena.-Respondió poniendo voz grave.
-No gracias, ya tengo bastante
con Zayn.
-¿Zayn?-Dijo enarcando una ceja.
-¿Celoso?-Pregunté esbozando una
sonrisa pícara.
-Un poco.
-No te preocupes, Zayn no es mi
tipo, además, está con Barbie.
-No llevamos ni tres horas juntos
y ya tengo celos.-Farfulló Liam mientras colocaba la funda del sofá.
-Eso es bueno.-Solté yo yendo
hacia él.- Así sé que realmente te importo.
Liam se giró hacia mí con una sonrisa
dibujada en la cara, sacudió la cabeza y comenzó a reírse.
-¿Qué? Es verdad.-Dije ante esa
reacción.
-Eres de lo que no hay. Por eso
te quiero.
Dios, ¿le puedo comer a besos ya?
Incluso a la luz de una linterna, con una herida en el labio, diciendo ñoñerías
y colocando una funda de sofá polvorienta y andrajosa era perfecto.
Estuvimos una hora más o menos
colocando cada cosa en su sitio y terminando de limpiar el desván, luego salimos del Beatties y nos montamos en
la moto, rumbo a alguna parte que yo desconocía.
Pasamos por una carretera llena
de piedras, que atravesaba un túnel larguísimo con muy poca iluminación. Cuando
llegamos al final del túnel la carretera continuaba hasta una casa en medio de
un campo lleno de flores de todo tipo. La casa era mediana, con dos pisos y
lacada en blanco, con puertas y ventanas de madera y un porche donde había una
hamaca de color azul marino. En el porche había una bicicleta bastante antigua,
oxidada en el marco y con una cesta blanca llena de cartas.
-¿Es tu casa?-Pregunté asombrada.
-Técnicamente. Vivo en el centro
pero vengo aquí de vez en cuando para pensar o entrenar.
-¿Entrenar?
-Ven, te lo enseñaré.-Liam me
cogió de la mano y me llevó a la parte trasera de la casa, donde había un árbol
viejo del que colgaba un saco de boxeo bastante desgastado.
-Así que no solo patinas, también
boxeas, ¿eh?-Dije cogiendo un par de guantes de boxeo del suelo.
- Es más bien un hobby.-Respondió
serio mirando al saco de boxeo.- Así libero mi rabia con el saco y no con los
demás.
-Es… Una buena terapia.-Dije
encogiéndome de hombros.- ¿Me enseñas?
-¿A qué?
-A nadar, no te jode.-Rodé los
ojos y añadí:
- A boxear.
-No es buena idea, podría hacerte
daño.
-Por dios… Venga, te prometo que
no me vas a hacer daño.
-¿Cómo lo sabes?
-Por que sí.
-Me niego.
-Pues te obligo.-Me puse un
guante de boxeo y le sacudí en el hombro, luego me puse en guardia y le miré
desafiante.
-No seas cría, no voy a
pegarte.-Liam me ignoró completamente y trató de quitarme los guantes, así que
le solté un puñetazo que le dio directamente en el pecho.
-Vamos, estoy preparada.
-Te he dicho que no.-Dijo
tajante. Yo me paré un segundo, ¿en serio iba a pararme un “no”?
-Está bien.-Solté.-Si no me
pegas, tendrás que defenderte.
-¿A qué te re…?-antes de que
terminara la frase le pegué un puñetazo en el estómago y sonreí. Eso no se lo
esperaba.
-Vamos, no puedes dejar
pegarte.-Le solté otro puñetazo con menos fuerza, pero este le dio a la altura
de la barbilla.
-No voy a defenderme de mi novia.
Sus palabras me dieron igual,
volví a aproximar mi puño cubierto en ese andrajoso guante de boxeo hacia él,
pero esta vez me agarró por la muñeca y me acercó.
-Te he dicho que no voy a
pagarte, ni a defenderme.-Me susurró mientras me miraba a los ojos. Dios, me
daban ganas de lanzarme a sus labios cada vez que hacía eso.
Me soltó delicadamente y se
apartó de mí, no sin antes posar un ligero beso en mis labios.
-Ahora, ¿qué quieres hacer?
-Quiero que me enseñes a pegar,
aunque sea con el saco de boxeo.-Liam suspiró ante mi insistencia y dijo:
-Está bien, te enseñaré, pero no
pienso pegarte, sólo tocarás el saco ¿vale?
-Perfecto.
Por fin había cedido, y yo sabía
perfectamente en qué iba a emplear mis nuevos conocimientos en lucha cuando
termináramos. Mi siguiente objetivo eran los chulitos del skate park.
-Bien, lo primero, pegas bastante
bien.-Me dijo sacudiendo un poco el brazo donde le había dado.- Pero tienes que
mejorar la técnica, señorita Lockheart.-me indicó que me acercara al saco y me
explicó la colocación de los hombros y las piernas, parecía sencillo, pero no
hacía más que corregirme cada vez que pegaba un puñetazo ya que “la postura que
adoptaba no era correcta, no mantenía el equilibrio” como decía él.
-Vale, espera, lo estás haciendo
mal.
-Estoy poniéndome exactamente
como me dices.-Resoplé yo.
-No mantienes el equilibrio,
tensa las piernas. Y sepáralas un poco, si no te caerás en cuanto lances un
gancho.
Me coloqué como decía y solté:
-¿Así mejor?
-Perfecto. Ahora pégale al saco.
Lanzé un puñetazo con todas mis
fuerzas, pero éste apenas se movió y yo me hice daño en los nudillos.
-¡Maldita sea! No soy capaz…-Dije
frustrada mientras sacaba la mano del guante.-Era más fácil cuando te pegaba a
ti.
-Tengo una idea, espera aquí.-Liam
desapareció de la parte trasera y se metió en la casa. Al cabo de unos diez
minutos salió con unos guantes planos con círculos rojos en el centro.
-Esto te ayudará más. Quiero que
a partir de ahora hagas lo mismo que con el saco, pero lances los puñetazos a
los puntos rojos, ¿de acuerdo?
-De acuerdo. Pero, ¿y si te hago
daño?
-No me lo harás.-Se puso los
guantes en las manos y asintió para que le pegara. Solté un derechazo hacia uno
de los guantes, haciendo que Liam se tambaleara levemente. Me sonrió y volvió a
indicarme que le diera. Volví a soltar un puñetazo. Con esa técnica era mucho
más fácil que con el saco, aprendí más rápido y cada vez lo hacía mejor, apenas
tenía que corregirme.
-Bien, ahora que ya dominas los
puñetazos, te tengo que enseñar la defensa. El boxeo no solo consiste en pegar,
tienes que saber esquivar los golpes con agilidad y rapidez, mantenerte
concentrado pase lo que pase y, lo más importante, saber combinar una buena
defensa con un buen ataque.
-Señor, sí señor.-Bromeé.
-Vale, ¿sabes hacer fintas?
-¿Por quién me tomas? Por
supuesto. La defensa siempre ha sido mi fuerte. Por… motivos personales. Soy
bastante resistente.
-Genial…-Liam sonrió y me quitó
los guantes para ponérselos él.- ¿Preparada?- Dijo poniéndose en guardia.
-Más que eso.-Respondí yo. Casi
al instante Liam me lanzó un gancho que esquivé con maestría. Ahora sí que no
podía corregirme. Cada puñetazo, gancho, o cualquier ataque que me lanzara lo
esquivaba como si fuera lo más fácil. Llegó un momento en que mi confianza no
podía ser mayor, pero me olvidé de no perder la concentración, lo que hizo que
el puño de Liam me golpeara en el estómago. Me doblé de dolor, y Liam se acercó
a mí rápidamente.
-Oh, dios, lo siento muchísimo,
soy una persona horrible… Joder, me siento fatal yo…
Me erguí sin muchas dificultades
y le propiné un golpe en el tórax.
-Recuerda, Payne, no hay que
perder la concentración.-Me puse en guardia para sorpresa de Liam, que no pudo
evitar sonreír con una mezcla de incredulidad y fascinación.
-Como desees, Ginger.
Nos enzarzamos en una pelea algo
surrealista, mezclando duros golpes con miradas tiernas y sonrisas pícaras,
haciendo que perdiéramos la concentración varias veces.
Tras unos veinte minutos de pelea
mis músculos empezaban a agarrotarse y el cansancio se hacía presente en cada
puñetazo, mientras que Liam seguía fresco como una rosa.
-¿Cansada, Ginger?-Preguntó
sonriente.
-Esto no ha acabado aún Liam.-
Reuní todas mis fuerzas restantes y le asesté un puñetazo en el estómago,
haciendo que tropezase y cayese al suelo.
-¿Ahora qué, Payne?-Pregunté con
aire de suficiencia sentándome a horcajadas encima de él.
-Me rindo. Eres mejor que yo.
-¿En serio?
-No.-Me agarró por la cintura e
hizo que rodara al otro lado, para ponerse encima de mí repentinamente.- ¿Qué
piensas hacer ahora?
-No sé, se está cómoda.-Crucé los
brazos por detrás del cuello y sonreí.
-Eres adorable.-Se acercó a mí y
me besó en los labios.- ¿Contenta con tu clase de boxeo?
-Mucho, lo único que no me ha
gustado es que me he pringado una de mis camisetas favoritas.-Sonreí y posé mis
manos contra su pecho, empujándole hacia atrás para poder incorporarme.
-Lo siento, te compraré otra.- Se
levantó del suelo y me cogió por los brazos hasta levantarme.
-No hace falta, esto Vanish Oxi
Action power lo quita en un periquete.-Dije poniendo voz de anuncio. Liam
comenzó a reírse.
-¿En serio? Positivismo al poder.
-Voy a mirar mi móvil, seguro que
me han llamado un millón de veces.-Le planté un beso y fui a por mí bolso.
Efectivamente, tenía veinticuatro llamadas de mi madre, y eso que la había
avisado. No me dio tiempo a mirar todas las llamadas cuando el móvil volvió a
sonar.
-Dime mamá.
-¿Dónde estás?
-Con Liam y unos amigos, ¿por?
-Ven a casa… Tenemos un
invitado…-La voz de mi madre temblaba al decir eso, y yo me temía lo peor.
-Está bien, voy para allá.
Colgué al instante y me giré
hacia Liam.
-Liam, llévame a casa por favor.
Rápido.
-¿Qué ha pasado?-Dijo preocupado.
-Mi madre me ha dicho que tenemos
invitados…-Tragué saliva y añadí:
-Creo que es él, al parecer… ha
vuelto.
FIN DEL CAPÍTULO 8
No hay comentarios:
Publicar un comentario