sábado, 19 de octubre de 2013

CAPÍTULO 8: AL PARECER HA VUELTO




Después de esa declaración de amor me quedé dormida en el pecho de Liam mientras él me acariciaba el pelo. Me quedé bastante intranquila después de averiguar quién le había hecho eso a Liam. ¿Por qué le pegaron? Es decir, es un buen chico, seguro que no les provocó para que le hicieran eso, no tendría ningún sentido.
Un suave toquecito en el hombro me sacó de mis pensamientos y mi profundo sueño, haciéndome abrir los ojos con dificultad.
-Gin, son las dos de la tarde, creo que debería llevarte a casa.-Dijo Liam en voz baja.
Me incorporé y me froté los ojos tras quitarme las gafas, ¿tanto había dormido? No quería irme a casa, seguro que mi madre y mi hermano me acosarían a preguntas y no me apetecía nada tener que inventarme una historia con la que justificar mi constante ausencia en casa.
-Liam, no quiero irme… Ni siquiera hemos redecorado el desván.-Contesté con ojos suplicantes.
- Está bien, colocamos todo esto, pero primero llamas a tu madre y la dices que te quedas a comer a mi casa.
-¿En serio?-Dije sonriente.-Gracias, gracias, gracias.
Cogí mi móvil de la mochila con rapidez y marqué el número de mi madre.
-Hola mamá.
-Gin, ¿dónde estás? Hace media hora que te estoy esperando, Jeff me ha dicho que no había habido instituto.
-Lo sé mamá, lo siento. Voy a quedarme a comer en casa de Liam, un amigo mío y luego iremos a dar una vuelta.
-¿Los dos solos?-Preguntó mi madre con un tono de desconfianza que no me gustó nada.
-No, vamos con los demás, Barbie, Harry, Brooke, Niall, Zayn… Todos juntos.-Bufé yo. Odiaba cuando mi madre se ponía así.
-Está bien. Pasáoslo bien y no llegues muy tarde a casa, ¿vale?
-Vale mamá, un beso.
Colgué el teléfono y me giré hacia Liam, que sonreía incrédulo.
-¿Qué?-Pregunté riendo.
-Es increíble cómo puedes inventar historias para que tu madre te deje hacer lo que quieras.
-No invento, solo tergiverso la verdad. No es lo mismo.
-Claro que sí mi amor. ¿Me ayudas a colocar esto?-Preguntó mientras cogía la funda para el sofá de mi mochila y me lo lanzaba.
-¿Amor? ¿En serio?-Respondí sonriendo inevitablemente.
-Perdona si te llamo amor.-Liam se encogió de hombros y siguió sacando cosas de mi mochila: la linterna, los cojines, una alfombra pequeña…
-No me molesta que me lo llames.
-Ni a mí llamártelo.
-¿Sabes?-Dije entre risas.- Esta clase de relación noño-romántica es la misma que llevo intentando evitar durante varios años.
-Bueno, si quieres puedo dejarlo y empezar a actuar como un chico malo… Nena.-Respondió poniendo voz grave.
-No gracias, ya tengo bastante con Zayn.
-¿Zayn?-Dijo enarcando una ceja.
-¿Celoso?-Pregunté esbozando una sonrisa pícara.
-Un poco.
-No te preocupes, Zayn no es mi tipo, además, está con Barbie.
-No llevamos ni tres horas juntos y ya tengo celos.-Farfulló Liam mientras colocaba la funda del sofá.
-Eso es bueno.-Solté yo yendo hacia él.- Así sé que realmente te importo.
Liam se giró hacia mí con una sonrisa dibujada en la cara, sacudió la cabeza y comenzó a reírse.
-¿Qué? Es verdad.-Dije ante esa reacción.
-Eres de lo que no hay. Por eso te quiero.
Dios, ¿le puedo comer a besos ya? Incluso a la luz de una linterna, con una herida en el labio, diciendo ñoñerías y colocando una funda de sofá polvorienta y andrajosa era perfecto.
Estuvimos una hora más o menos colocando cada cosa en su sitio y terminando de limpiar el desván,  luego salimos del Beatties y nos montamos en la moto, rumbo a alguna parte que yo desconocía.
Pasamos por una carretera llena de piedras, que atravesaba un túnel larguísimo con muy poca iluminación. Cuando llegamos al final del túnel la carretera continuaba hasta una casa en medio de un campo lleno de flores de todo tipo. La casa era mediana, con dos pisos y lacada en blanco, con puertas y ventanas de madera y un porche donde había una hamaca de color azul marino. En el porche había una bicicleta bastante antigua, oxidada en el marco y con una cesta blanca llena de cartas.
-¿Es tu casa?-Pregunté asombrada.
-Técnicamente. Vivo en el centro pero vengo aquí de vez en cuando para pensar o entrenar.
-¿Entrenar?
-Ven, te lo enseñaré.-Liam me cogió de la mano y me llevó a la parte trasera de la casa, donde había un árbol viejo del que colgaba un saco de boxeo bastante desgastado.
-Así que no solo patinas, también boxeas, ¿eh?-Dije cogiendo un par de guantes de boxeo del suelo.
- Es más bien un hobby.-Respondió serio mirando al saco de boxeo.- Así libero mi rabia con el saco y no con los demás.
-Es… Una buena terapia.-Dije encogiéndome de hombros.- ¿Me enseñas?
-¿A qué?
-A nadar, no te jode.-Rodé los ojos y añadí:
- A boxear.
-No es buena idea, podría hacerte daño.
-Por dios… Venga, te prometo que no me vas a hacer daño.
-¿Cómo lo sabes?
-Por que sí.
-Me niego.
-Pues te obligo.-Me puse un guante de boxeo y le sacudí en el hombro, luego me puse en guardia y le miré desafiante.
-No seas cría, no voy a pegarte.-Liam me ignoró completamente y trató de quitarme los guantes, así que le solté un puñetazo que le dio directamente en el pecho.
-Vamos, estoy preparada.
-Te he dicho que no.-Dijo tajante. Yo me paré un segundo, ¿en serio iba a pararme un “no”?
-Está bien.-Solté.-Si no me pegas, tendrás que defenderte.
-¿A qué te re…?-antes de que terminara la frase le pegué un puñetazo en el estómago y sonreí. Eso no se lo esperaba.
-Vamos, no puedes dejar pegarte.-Le solté otro puñetazo con menos fuerza, pero este le dio a la altura de la barbilla.
-No voy a defenderme de mi novia.
Sus palabras me dieron igual, volví a aproximar mi puño cubierto en ese andrajoso guante de boxeo hacia él, pero esta vez me agarró por la muñeca y me acercó.
-Te he dicho que no voy a pagarte, ni a defenderme.-Me susurró mientras me miraba a los ojos. Dios, me daban ganas de lanzarme a sus labios cada vez que hacía eso.
Me soltó delicadamente y se apartó de mí, no sin antes posar un ligero beso en mis labios.
-Ahora, ¿qué quieres hacer?
-Quiero que me enseñes a pegar, aunque sea con el saco de boxeo.-Liam suspiró ante mi insistencia y dijo:
-Está bien, te enseñaré, pero no pienso pegarte, sólo tocarás el saco ¿vale?
-Perfecto.
Por fin había cedido, y yo sabía perfectamente en qué iba a emplear mis nuevos conocimientos en lucha cuando termináramos. Mi siguiente objetivo eran los chulitos del skate park.
-Bien, lo primero, pegas bastante bien.-Me dijo sacudiendo un poco el brazo donde le había dado.- Pero tienes que mejorar la técnica, señorita Lockheart.-me indicó que me acercara al saco y me explicó la colocación de los hombros y las piernas, parecía sencillo, pero no hacía más que corregirme cada vez que pegaba un puñetazo ya que “la postura que adoptaba no era correcta, no mantenía el equilibrio” como decía él.
-Vale, espera, lo estás haciendo mal.
-Estoy poniéndome exactamente como me dices.-Resoplé yo.
-No mantienes el equilibrio, tensa las piernas. Y sepáralas un poco, si no te caerás en cuanto lances un gancho.
Me coloqué como decía y solté:
-¿Así mejor?
-Perfecto. Ahora pégale al saco.
Lanzé un puñetazo con todas mis fuerzas, pero éste apenas se movió y yo me hice daño en los nudillos.
-¡Maldita sea! No soy capaz…-Dije frustrada mientras sacaba la mano del guante.-Era más fácil cuando te pegaba a ti.
-Tengo una idea, espera aquí.-Liam desapareció de la parte trasera y se metió en la casa. Al cabo de unos diez minutos salió con unos guantes planos con círculos rojos en el centro.
-Esto te ayudará más. Quiero que a partir de ahora hagas lo mismo que con el saco, pero lances los puñetazos a los puntos rojos, ¿de acuerdo?
-De acuerdo. Pero, ¿y si te hago daño?
-No me lo harás.-Se puso los guantes en las manos y asintió para que le pegara. Solté un derechazo hacia uno de los guantes, haciendo que Liam se tambaleara levemente. Me sonrió y volvió a indicarme que le diera. Volví a soltar un puñetazo. Con esa técnica era mucho más fácil que con el saco, aprendí más rápido y cada vez lo hacía mejor, apenas tenía que corregirme.
-Bien, ahora que ya dominas los puñetazos, te tengo que enseñar la defensa. El boxeo no solo consiste en pegar, tienes que saber esquivar los golpes con agilidad y rapidez, mantenerte concentrado pase lo que pase y, lo más importante, saber combinar una buena defensa con un buen ataque.
-Señor, sí señor.-Bromeé.
-Vale, ¿sabes hacer fintas?
-¿Por quién me tomas? Por supuesto. La defensa siempre ha sido mi fuerte. Por… motivos personales. Soy bastante resistente.
-Genial…-Liam sonrió y me quitó los guantes para ponérselos él.- ¿Preparada?- Dijo poniéndose en guardia.
-Más que eso.-Respondí yo. Casi al instante Liam me lanzó un gancho que esquivé con maestría. Ahora sí que no podía corregirme. Cada puñetazo, gancho, o cualquier ataque que me lanzara lo esquivaba como si fuera lo más fácil. Llegó un momento en que mi confianza no podía ser mayor, pero me olvidé de no perder la concentración, lo que hizo que el puño de Liam me golpeara en el estómago. Me doblé de dolor, y Liam se acercó a mí rápidamente.
-Oh, dios, lo siento muchísimo, soy una persona horrible… Joder, me siento fatal yo…
Me erguí sin muchas dificultades y le propiné un golpe en el tórax.
-Recuerda, Payne, no hay que perder la concentración.-Me puse en guardia para sorpresa de Liam, que no pudo evitar sonreír con una mezcla de incredulidad y fascinación.
-Como desees, Ginger.
Nos enzarzamos en una pelea algo surrealista, mezclando duros golpes con miradas tiernas y sonrisas pícaras, haciendo que perdiéramos la concentración varias veces.
Tras unos veinte minutos de pelea mis músculos empezaban a agarrotarse y el cansancio se hacía presente en cada puñetazo, mientras que Liam seguía fresco como una rosa.
-¿Cansada, Ginger?-Preguntó sonriente.
-Esto no ha acabado aún Liam.- Reuní todas mis fuerzas restantes y le asesté un puñetazo en el estómago, haciendo que tropezase y cayese al suelo.
-¿Ahora qué, Payne?-Pregunté con aire de suficiencia sentándome a horcajadas encima de él.
-Me rindo. Eres mejor que yo.
-¿En serio?
-No.-Me agarró por la cintura e hizo que rodara al otro lado, para ponerse encima de mí repentinamente.- ¿Qué piensas hacer ahora?
-No sé, se está cómoda.-Crucé los brazos por detrás del cuello y sonreí.
-Eres adorable.-Se acercó a mí y me besó en los labios.- ¿Contenta con tu clase de boxeo?
-Mucho, lo único que no me ha gustado es que me he pringado una de mis camisetas favoritas.-Sonreí y posé mis manos contra su pecho, empujándole hacia atrás para poder incorporarme.
-Lo siento, te compraré otra.- Se levantó del suelo y me cogió por los brazos hasta levantarme.
-No hace falta, esto Vanish Oxi Action power lo quita en un periquete.-Dije poniendo voz de anuncio. Liam comenzó a reírse.
-¿En serio? Positivismo al poder.
-Voy a mirar mi móvil, seguro que me han llamado un millón de veces.-Le planté un beso y fui a por mí bolso. Efectivamente, tenía veinticuatro llamadas de mi madre, y eso que la había avisado. No me dio tiempo a mirar todas las llamadas cuando el móvil volvió a sonar.
-Dime mamá.
-¿Dónde estás?
-Con Liam y unos amigos, ¿por?
-Ven a casa… Tenemos un invitado…-La voz de mi madre temblaba al decir eso, y yo me temía lo peor.
-Está bien, voy para allá.
Colgué al instante y me giré hacia Liam.
-Liam, llévame a casa por favor. Rápido.
-¿Qué ha pasado?-Dijo preocupado.
-Mi madre me ha dicho que tenemos invitados…-Tragué saliva y añadí:
-Creo que es él, al parecer… ha vuelto.
FIN DEL CAPÍTULO 8

No hay comentarios:

Publicar un comentario