sábado, 26 de octubre de 2013

CAPÍTULO 11: PENSABA QUE NO ERA EL MOMENTO




Entonces sentí el frío suelo contra mi espalda, mientras que Liam me besaba el cuello ansiosamente. Un suspiro escapó de mi garganta cuando se apartó de mí.
-¿Qué haces?-Pregunté tirando de él hacia mí.
-¿Estas segura?-Dijo mirándome con ojos suplicantes, como esperando que mi respuesta fuera un “sí”, pero en vez de eso volví a besarle con deseo. Deseo de él, de sus labios, de su cuerpo. En ese momento cualquier ropa sobraba, así que le quité la camiseta a Liam, rompiendo por un momento el beso, que reanudamos con más pasión aún.
Metió  sus manos en mis pantalones, bajándolos poco a poco, a la vez que yo desabrochaba el cinturón del suyo. Nos miramos, sin poder evitar sonreír de forma pícara.
-Aunque no estés segura, ahora no te vas a poder echar atrás, señorita Lockheart.
-Lo estoy, no te preocupes.
-¿Debería?
-No lo creo.
Tal vez se me hubiera olvidado comentarle un pequeño detalle. Que era virgen, por ejemplo. Pero bueno, por la forma en la que él manejaba mi cuerpo y cómo me hacía sentir estaba segura de que él era todo un maestro en el tema.
Entonces Liam me levantó del suelo, subiéndome sobre él. Y note un dolor, un dolor agudo que pronto se fue transformando en placer. Una sensación nueva y fantástica que hacía que ligeros suspiros escaparan de mi garganta a cada embestida de caderas, mientras inevitablemente clavaba mis uñas en su espalda. Así, poco a poco, notaba cómo mi corazón se aceleraba y nuestras respiraciones se volvían entrecortadas entre beso y beso, hasta alcanzar el clímax.
Dos suspiros se quedaron en el aire tras llegar a ese punto, mientras nuestros cuerpos caían en el viejo sofá de nuevo, entrelazados.
Liam se apartó ligeramente de mí con una sonrisa en la cara, igual que la mía. Se inclinó de nuevo y me dio un beso en los labios.
-¿Estás bien?-Me preguntó después.
-Mejor que nunca.-Respondí mientras apoyaba mi frente contra la suya y dejaba caer un beso en sus labios, de nuevo. Liam sonrió y me rodeó por los hombros con un brazo, mientras que con otro me ofrecía su sudadera.
-Gracias.-Me la puse y me quedé en silencio mientras Liam me miraba, hasta que decidí añadir algo:
-Liam, ¿no decías que no era el momento?
Él enarcó una ceja, sorprendido, y se me quedó mirando antes de contestar a mi pregunta.
-Bueno… Es que esta mañana no era el momento. Pero ahora sí lo era.-Sonrió y añadió:
-Ya lo entenderás.
-¿Entender algo contigo? Eso es imposible.-Bromeé.
-Calla boba.-Contestó a la vez que me revolvía cariñosamente el pelo, mostrando una amplia sonrisa.
Me recosté sobre el brazo del sofá mientras estiraba la sudadera de Liam hacia abajo. Me quedé mirándole, inspeccionando con la mirada sus trabajados abdominales, sus marcados bíceps, su pelo revuelto y su mirada perdida, observando el desván, como tratando de recordar algo, de aclararse las ideas.
-¿En qué piensas?-Pregunté finalmente. Se giró, algo sobresaltado, y se mordió el labio inferior mientras sacudía sutilmente la cabeza.
-En nada. Es sólo que…-Dejó la frase en el aire, sin acabarla.
-¿Es sólo que…?-Insistí.
-Vale, te va a sonar raro pero…-Se pasó la mano por la cabeza mientras soltaba un bufido.- ¿Te ha dolido?
-¿El qué?-Pregunté sorprendida.
-Ya sabes…-Rodó los ojos.
-Ah, eso.-Sonreí. Era una pregunta un tanto extraña, teniendo en cuenta que no manejaba el tema debido a mi, hasta hacía unos minutos, virginidad.- La verdad, no sé muy bien qué contestarte. Pero… Creo que no.
-¿Crees?
-Liam.-Bufé.- Soy, bueno, era virgen, no te puedo explicar eso como si lo hiciera todos los días porque no es así.
Liam abrió mucho los ojos, claramente atónito. Empezó a boquear, tratando de decir algo, pero sin soltar más que sonidos guturales y onomatopeyas.
-No lo sabía.-Logró decir al fin.- Es decir, pensaba que tú…
-¿Que no era virgen?-Pregunté al tiempo que soltaba una sonora carcajada.- Por favor Liam, se me nota a leguas…
-Eso es lo que piensas tú.
-Esta conversación se está volviendo rara. ¿Podemos cambiar de tema?-Pregunté, algo incómoda con la situación.
-Claro. Bueno…-Trató de buscar un tema de conversación, pero no lo encontraba. Sinceramente, yo tampoco, no sabía qué decir después de haber hecho el amor con él. Estábamos en silencio, mirándonos, prácticamente desnudos salvo por la ropa interior y  la gigantesca sudadera de Liam, que cubría mi torso.
De repente sonó mi móvil, no sabría decir si en un buen o mal momento, pero al menos sonó.
-¿Diga?
-¡Gin! ¿Qué tal?
-Hola Barbie, bien, ¿tú?
-Ge-nial.-Contestó mi amiga marcando cada sílaba.
-¿Y eso?
-Zayn y yo… Me encantan tus ideas para el aniversario, sobre todo lo de la excursión a la playa. Es simplemente perfecto. Lo tengo todo planeado, pero tenemos un problema: el medio de transporte. Porque, claro, no podemos ir andando a la playa. Bueno, podemos, pero tardaríamos horas y horas y…
-Barbie.-La corté, no entendía casi nada de lo que decía debido a su velocidad.- Tú solo prepara lo imprescindible: comida y todo eso. Yo me encargo de lo demás, ¿vale?
-Vaale. Te quiero, en serio, gracias. ¿Y tú que haces?
-¿Yo? Pues… Con Liam.-No pude evitar sonreír al pronunciar su nombre.
-¿Con Liam?-Contestó medio gritando.- ¿Y qué hacéis?
-Nada importante.-Mentí, al menos por teléfono no se notaba mi inseguridad y mi repentino nerviosismo.
-Ya, ya. Mañana me cuentas. Todo, ¿vale?
-Está bien… te tengo que dejar, un beso preciosa.
-Un beso Gin.
Y colgué, roja como un tomate. Me giré de nuevo hacia Liam, que ya se había puesto los pantalones y una fina camiseta de tirantes que le marcaba los abdominales. Me estaban entrando ganas de volver a lanzarme a por él.
-¿Sabes? Creo que no sabes mentir.-Me dijo mientras me acurrucaba sobre su regazo y le rodeaba el cuello.
-Es que no sé mentir.
-A eso sí que no puedo enseñarte.
-¿Tampoco sabes?
-Sí que sé, pero las mentiras me resultan desagradables. Creo que es una de las peores cosas  que una persona puede hacer: mentir.
-Vaya, sí que te lo tomas a pecho.
-Ha habido demasiadas mentiras en mi vida como para que ahora yo vaya soltando otras nuevas por ahí. No es justo privar a la gente de la verdad.-Contestó mirándome fijamente. Me quedé callada. ¿Lo decía por mí, o simplemente estaba expresando su opinión? A decir verdad, no podía descifrar su expresión, seria, pero con ojos brillantes y pícaros. Era un auténtico enigma.
-Aunque.-Soltó de repente.- Esto no lo digo por ti. Hablaba por mis padres. Y mis supuestos amigos.
-¿Supuestos?
-Sí, hijos de amigos de mis padres, que solo se juntan conmigo por… Por algo que sigo sin comprender.
-Ah. ¿Y tus padres?
-Empresarios… Siempre mienten, de una forma u otra, siempre lo hacen. Es su manera de convencer a los demás de que lo que dicen es lo mejor. Nunca lo entenderé.
-La verdad, a mí tampoco me gusta mentir. Bueno, salvo que sea estrictamente necesario, como cuando mientes porque tienes que ocultar el regalo de alguien, o una fiesta sorpresa de cumpleaños. Entonces sí, porque sería una mentira piadosa.
-Me encantan tus reflexiones improvisadas.-Dijo mientras sonreía.
-Gracias, pero no son reflexiones.-Respondí encogiéndome de hombros bajo aquella gigantesca sudadera.
-Bueno, lo que sea. ¿Qué quieres hacer?
-Me voy a arrepentir de decir esto pero… Tengo que irme a casa de Barbie. Lo siento.
-No pasa nada, ¿mañana te veo?
-O esta noche. A las diez  en el instituto, ¿vale?-Me levanté y me puse mis vaqueros y mis botas, sin quitarme la sudadera de Liam.
-Vale.-Me contestó después.- Por cierto, quédate la sudadera, ya me la devolverás.
-Gracias. Y siento que hayas tenido que curarme. Ya sabes, lo de la pelea.
-Ha sido un placer.-Me guiñó un ojo, se levantó y me plantó un largo beso en los labios, dulce a la vez que pasional.
-Me encantaría quedarme aquí tumbada en el sofá contigo, pero tengo que ir a ver a Barbie, lo siento.-Dije mientras, muy a mi pesar, me separaba lentamente de él.
-Está bien, te veo esta noche.
-Hasta esta noche Liam.
Le di un beso rápido en los labios y desaparecí por la trampilla tras coger mi bolso y mi skate. Salí del Beatties, tiré el monopatín al suelo y me subí sobre él, cogiendo impulso con las piernas mientras me deslizaba calle abajo hacia casa de Barbie. Saqué el móvil de mi bolsillo, me puse los cascos y comencé a escuchar “As long as you love me”. A decir verdad, nunca me había gustado especialmente Justin Bieber, le respetaba y todas esas cosas, pero no era su fan. A pesar de eso, me encantaba esa canción, hacía que se me pusieran los pelos de punta. Pero la mejor parte era el rap, la letra expresaba tantas cosas… Era inevitable para mí cantarlo por lo bajo cuando lo escuchaba.
Al ritmo de esa canción me planté en casa de Barbie, me quité los cascos y llamé al timbre.
Para mi sorpresa, no fue Barbie quien me abrió, si no su primo, Louis. Mostraba una amplia sonrisa, que hacía que unas pequeñas arrugas surcaran el contorno de sus ojos azul verdoso. Tenía el pelo ligeramente despeinado, y llevaba un vaquero con una camiseta de rayas azules, casi siempre vestía ese tipo de camisetas.
-Hola Lou, ¿está Brabie?-Dije tras mirarle detenidamente.
-Qué hay Gin. Sí está arriba. Pasa.
Hizo un gesto con el brazo y abrió la puerta del todo, dejándome espacio suficiente para pasar.
-Oye.-Soltó cuando pasé por delante de él.
-Dime.
-¿Esa sudadera no es de Liam?
-Ehh… No.-Mentí.
-Ehh… Sí. Se la he visto en el skate park.-Insistió.
-Pues no. Será que la tenemos iguales o… Algo así.-Intenté inventarme una excusa creíble, pero no funcionó.
-Gin, no sabes mentir. Esa sudadera es de Liam.-Sentenció riéndose.
-Vale, es de Liam, ¿y?
-Pues que solo si uno es novio de una chica la presta su sudadera. Y eso quiere decir que eres su novia.
Me sonrojé. Me había pillado, y lo peor era que él era Louis, y siempre había sido el graciosillo de turno, seguro que me amargaba la existencia con bromas acerca de Liam y yo. A veces maldecía su perspicacia y picardía para darse cuenta de las cosas mil veces más rápido que los demás.
-Te has puesto roja, entonces, ¿estáis saliendo?
Bufé, no me agradaba hablar del tema con él, nada en absoluto.
-Sí, estamos saliendo. ¿Ya te has preparado una bromita para esto? Adelante, suéltala.-Me crucé de brazos y puse los ojos en blanco.
-No tenía ninguna broma preparada.-Dijo con expresión seria, mirándome muy fijamente.
-¿No?-Pregunté sorprendida.-Pensaba que los graciosillos siempre tenían bromas preparadas. Para todo.
-Sólo soy el graciosillo cuando estoy en el instituto y con los del skate park. En realidad no me gusta reírme de la gente, ya sabes, bromear con sus situaciones. Pero debo hacerlo, tengo una reputación que mantener.
Me quedé sorprendida ante esa respuesta. Es decir, Louis Tomlinson, el mismo que se ríe del mundo todos los días, dice que no le gusta ser el graciosillo.
-Vaya, nunca imaginaba que te oiría decir eso.
-Pues ya lo ves… Las cosas no son lo que parecen.-Hizo una pausa y me miró.- ¿Quieres una coca-cola?
-¿Qué? Ah, sí, vale.
Definitivamente no entendía a este chico, me revela sus sentimientos como si fueran algo doloroso para él  y me ofrece una coca-cola con una renovada sonrisa en la cara. Debía de ser bipolar.
Louis se dirigió a la cocina con paso ligero, mientras yo pasaba al salón y me sentaba en el sofá violeta, cubierto parcialmente por una manta negra y cojines del mismo color. Cogí uno de los cojines, me encantaba su tacto aterciopelado.
Recuerdo que cuando éramos más pequeñas Barbie y yo solíamos hacer guerras de cojines en el salón, y su madre siempre nos regañaba porque la estropeábamos sus preciados cojines tapizados. Entonces los dejábamos en el sofá y continuábamos la guerra en su habitación. Lo pasábamos genial juntas, siempre conseguía sacarme una sonrisa, como ahora.
Entonces entró Louis en el salón con dos botellines de coca-cola en la mano y su característica sonrisa dibujada en el rostro.
-Toma.-Dijo mientras me pasaba un botellín.- Bueno, Liam y tú salís, ¿no? Pues ya sabes, cuéntame cómo lo lleváis.
-¿Te crees que por invitarme a coca-cola te voy a contar mi vida personal?-Pregunté, incrédula.
-Exacto. Es mi amigo, es justo que me entere de cómo lo lleva con su novia, ya que no me había avisado de que tenía una.
-Por algo será.
-¿Insinúas que no se fía de mí?
-No lo insinúo, lo afirmo.
Louis se echó a reír, bajó levemente la cabeza y luego la subió mientras daba un sorbo a su coca-cola.
-Cómo se nota que no me conoces bien.-Dijo divertido.
-¿Acaso tú me conoces a mí?
-Mejor de lo que te piensas.
-¡Ginger! ¿Qué haces aquí?
En ese momento Barbara estaba bajando las escaleras con sus habituales zapatillas de conejitos blancos y un chándal bastante antiguo y desgastado, con su móvil en la mano y una sonrisa en la cara.
-Hola Barbie.-Saludé mientras me levantaba del sofá alegremente y abrazaba a mi amiga.
-¿Qué tal? ¿No estabas con Liam?-Me preguntó, sin darse cuenta de que Louis estaba detrás de nosotras, escuchando atentamente.
-Sí, estaba con él pero he venido a verte.
-¿Ha pasado algo?-Barbie levantó una ceja, inspeccionándome con la mirada.
-No, no ha pasado nada, sólo venía para aclarar lo del aniversario.-Improvisé, en realidad no venía para eso, si no para contarle cómo iba mi relación con Liam.
-Entiendo… Oye Lou.-dijo dirigiéndose a su primo.- Te quedas a cargo de la casa, ¿no la incendies, vale? Yo voy a dar una vuelta con Gin, tenemos muchas cosas que contarnos.
-¿Vas a salir así a la calle?-Preguntó Louis, señalando su chándal viejo y sus zapatillas de conejitos.
-¡Vaya! Gin, ayúdame a elegir la ropa y nos vamos.-Barbie me cogió de la mano sin darme tiempo a contestar y me arrastró hasta su habitación por las escaleras y la mayor parte del pasillo.
Cerró la puerta de su habitación de un portazo, se giró hacia mí y me dijo:
-Quiero detalles de tu relación con Liam, ahora.
FIN DEL CAPÍTULO 11

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