Unos rayos de luz se filtraban
por la persiana, haciéndome abrir los ojos forzosamente. Traté de moverme pero
era inútil, un brazo rodeaba mi delgado cuerpo al completo, impidiéndome
respirar apenas y haciendo que dejara de sentir los brazos. Giré con dificultad
sobre mí misma y empujé el pecho de Liam con las manos, soltándome de su abrazo
y cayendo al suelo.
-Buenos días.-Murmuró Liam
mientras se tumbaba boca abajo y me miraba sonriente.
-Buenos días señor “agarro a las
chicas y no las dejo respirar”-Repliqué levantándome del suelo y atusándome el
pelo.
-Lo siento, es que eres muy…
achuchable.
-No lo soy.-Le planté un beso en
los labios y añadí:
-Pero gracias, tú también lo
eres.
-¿Qué quieres de desayuno?
Me quedé pensativa un segundo y
contesté mordiéndome las uñas:
-¿Tienes café?
-Claro.
Liam se levantó de la cama y…
Grr. Si con ropa era sexy sin camiseta y con los trabajados abdominales a la
vista era simplemente un dios griego. Creo que se me estaba empezando a caer la
baba porque Liam chasqueó los dedos delante de mis narices y dijo:
-Recuerda que soy tuyo, puedes
catarme cuando quieras.-Me guiñó un ojo y fue entonces cuando me derretí. Era
perfecto, solo quería comerle a besos, rodearle con mis brazos hasta que su
cuerpo y el mío fueran uno. Era inevitable.
Me levanté inconscientemente y me
lancé a por sus labios, mientras mis manos se enredaban en su pelo y sus brazos
rodeaban mi cintura. Al principio era un beso como otro cualquiera, romántico y
dulce, pero cuando sus dientes atraparon mi labio inferior con pasión perdí el
control. No sabía qué hacía, ni qué pasaba a mi alrededor, lo único que
recuerdo es que mi teléfono sonó, interrumpiendo lo que sea que estuviésemos
haciendo.
-¿Diga?-Contesté.
-¡Gin! ¿Hoy también vas a irte
del instituto con Liam?
-Hola Barbie. No creo pero
faltaré a la primera hora.-Contesté mientras le dedicaba una sonrisa a Liam,
que jugaba con un mechón de mi pelo.
-Tampoco te vas a perder mucho la
verdad. Toca física, yo te cubro, ¿vale?
-Gracias Barbie. Tengo que
dejarte, te veo en el insti. Un beso.
-Un beso preciosa.
Colgué el teléfono y lo lancé a
la cama, me volví hacia Liam y dije:
-Bueno, ¿por dónde íbamos antes
de que nos interrumpieran?
-Pues creo que íbamos a desayunar
cuando te me has echado encima como una tigresa.
-Como si no te gustara.-Rodé los
ojos y presioné mis labios contra los suyos.
-No lo niego, me encanta.-Esta
vez fue Liam el que me besó, aunque acabó metiéndome la lengua hasta la
campanilla.
-Guau, no conocía ese lado
salvaje tuyo.
-Hay muchas cosas que no sabes de
mí.
Liam me rodeó por la cintura y me
acercó a él, poniéndome a horcajadas sobre sus piernas mientras posaba besos
húmedos sobre mi cuello, provocando que mi temperatura corporal subiera y mis
sentidos se nublaran.
-Liam… ¿Qué haces?-Logré decir en
un gemido.
-¿No te gusta?
-Me encanta pero…-No pude
continuar hablando ya que Liam me calló con un beso.
Cuando se separó de mí se me
quedó mirando, como si estuviera intentado leer mis pensamientos.
-¿Qué pasa? ¿Me vas a tener
esperando todo el día?
No obtengo respuesta, por lo que
vuelvo a echarme encima de él, besándole, y él respondiendo y tomando el
control del beso, que no sé si se podía seguir llamando beso.
Así, de repente, noto cómo las
manos de Liam se deslizan debajo de mi camiseta del pijama, haciendo que se
esfumara, al igual que mi sentido común. Los labios de Liam iban posando besos
en mi cuello, mi escote, mi vientre… Hasta subir de nuevo a mis labios, dándome
pequeños mordiscos sensuales, haciéndome perder el poco control que tenía sobre
mi cuerpo en esos momentos. Entonces se separó, dejándome con ganas de más.
-¿Por qué paras?-Pregunté algo
indignada.
-Porque no... No es el momento
adecuado.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque no. Ya lo
entenderás.-Liam posó otro beso, esta vez en mi frente.- Es sólo que he perdido
un poco el control cuando has… Hemos… Ya sabes. Es que estás muy sexy recién
levantada.
-No pasa nada. Y gracias, tú
también estás muy sexy cuando… Dejémoslo en que estás muy sexy, ¿vale?-Contesté
mientras me levantaba del suelo.
-¿Qué iba a hacer antes de que
acabáramos en el suelo?-Preguntó mientras me devolvía mi camiseta del pijama.
-Creo que íbamos a desayunar.
-Exacto. ¿Café?
-Claro.
Salí por la puerta y bajé las
escaleras hacia la cocina. Me senté en un taburete que había debajo de la vitro
cerámica a la espera de que Liam bajara.
-¿Café solo o con leche?-Me
preguntó cuando entró a la cocina.
-Solo por favor.
-¿Qué tomas normalmente?
-Veamos… Dos tostadas, una
magdalena, galletas, langosta…-Bromeé. Liam se echó a reír y dijo:
-No, en serio, ¿qué quieres?
-Un café solo, no tomo nada más
normalmente.
-Está bien, un café solo para la
señorita Lockheart.-Sacó una taza de uno de los cajones blancos y la rellenó de
café que había en un termo de metal. Me pasó la taza, sacó otro taburete y se
sentó a mi lado sin coger nada para él.
-¿Tú no desayunas?-Pregunté
mientras daba un sorbo a la taza.
-No tengo hambre. Ya compraré
algo en el recreo en la cafetería de en frente.
-¿Puedes salir?
-No, pero si soborno al profesor
de guardia me deja ir a comprar comida.
-¿Soborno a un profesor? Está
usted hecho un chico malo, señorito Payne.-Dije en tono sarcástico mientras
esbozaba una sonrisa.
-Eh, solo yo te puedo llamar
señorita.-Contestó enarcando una ceja.
-Te he llamada señorito, no
señorita.
-Sabes a lo que me refiero.- Me
miró con cariño y añadió:
-Será mejor que te tomes pronto
el café si quieres que pasemos por tu casa a por ropa y lleguemos bien al
instituto.
-Me tomaré el café, pero no
necesito ropa y no es mi intención llegar pronto al instituto.
Liam entrecerró los ojos y dejó
escapar una pequeña carcajada. Se levantó del taburete y yo me terminé el café.
Metí la taza al lavavajillas y
subí a la habitación de Liam para buscar mis cosas. Me quité el pijama en medio
de la habitación y me puse a buscar mi ropa. Cuando me di la vuelta no pude
evitar sonrojarme al ver a Liam en el marco de la puerta, escudriñando cada
parte de mi cuerpo, cubierto únicamente por un conjunto sencillo de lencería negra.
-¿Qué?-Pregunté mientras me ponía
mis vaqueros sin dejar de mirar a Liam.
-Que eres perfecta.-Se acercó a
mí y me dio un beso en los labios.
-Sabes que no.-Dije sonrojada.
-¿No habías aprendido a aceptar
cumplidos?-Me preguntó mientras rodeaba mi cintura con las manos y me abrochaba
los pitillos.
-Sí pero… Oye, que tú no tienes
que vestirme, eso lo sé hacer yo solita.-Dije mientras apartaba las manos de
Liam de los bolsillos de mi pantalón.
-¿Y qué tengo que hacer entonces?
-Tú sabrás.-Me giré hacia Liam y
rodeé su cuello con mis brazos, dejando posar mis labios sobre los suyos suave
y rápidamente.- Voy a arreglarme.-Continué mientras cogía una camisa de Liam,
me ataba los extremos sobrantes a un lado de la cintura y me subía las mangas
hasta los codos. Salí de la habitación y fui al baño a lavarme la cara y los
dientes. Me hice una coleta alta y salí del baño de nuevo.
-Ya estoy.-Dije mientras entraba
a la habitación de Liam.
-Mi camisa te sienta muy bien.
-Gracias. A ti tu camiseta de
Obey también.-En realidad todo lo que llevara puesto le sentaba bien, pero esa
camiseta ceñida que le marcaba los abdominales le hacía aún más irresistible.
-Gracias.-Respondió sonriente.-
¿Vamos yendo al insti? Con perdernos la primera hora será suficiente, ¿no
crees?
-Pues claro.-Nos sonreímos y
salimos por la puerta, escaleras abajo, y cogimos la moto para dirigirnos a
clase.
Cuando llegamos entramos
disimuladamente por secretaría y subimos a las clases. En medio del pasillo
Liam me plantó un beso en los labios y me dijo que su clase estaba en el
pasillo de al lado. Le devolví el beso y le prometí que nos veríamos a la
salida antes de ir hacia mi clase.
-Buenos días.-Dije mientras
entraba. Al menos el profesor no había llegado aún.
-Hombre, aquí tenemos a la señora
Payne, ¿qué tal con tu chico?-Soltó Lou nada más acercarme a mi sitio.
-Cállate Lou, eso es
confidencial.-Contestó Barbie, y añadió dirigiéndose a mí:
-¿Qué tal esta noche pillina?
-¿Qué?-Dije asombrada.- No hemos
hecho nada, imbécil.
-Ya, y tú te crees que yo he
nacido ayer, ¿no?-Me susurró mientras tiraba de mí hacia su pupitre y me
sentaba en su silla.- Ahora dime lo que habéis hecho.
-Nada.-Suspiré. Barbie me dirigió
una mirada acusadora y no me quedó más
remedio que explicárselo mediante notitas en medio de la siguiente clase. La
mañana se pasó bastante rápido, teniendo en cuenta que las dos últimas horas
tocaba arte y filosofía, dos de las mejores asignaturas que había. Eran una
patochada, ni siquiera me esforzaba en prestar atención a lo que explicaban los
profesores.
Cuando sonó el timbre de la
última clase salí prácticamente corriendo tras despedirme de Barbie y me dirigí
al skate park sin decirle una palabra a Liam.
Cuando llegué al skate park tiré
mi mochila al pie de las escaleras y comencé a buscar a los tipos de las
cadenas. Estuve unos cinco minutos buscando, pero no había nadie, así que me
senté en una rampa a la espera de que llegaran.
Una suave brisa otoñal hacía que
mi pelo se moviera ligeramente. Cerré los ojos y respiré aquel aire. Limpio,
sin contaminar y con olor a… ¿Gasolina? Volví a abrir los ojos y vi como los
chicos de las cadenas entraban en el parque en potentes motos y bicicletas
tuneadas. Me levanté rápidamente y me acerqué a ellos mientras notaba cómo me
hervía la sangre poco a poco.
-Heeey, nena.-Dijo uno de los
chicos cuando me vio acercarme a ellos.
-No me llames nena.-Contesté
frunciendo el entrecejo.
-Aquí tenemos a una chica
mala.-Intervino otro con una dilatación en la oreja del tamaño de una taza de
café. Asqueroso.
-Cállate. Quiero saber quién
fue.-Miré a todos y cada uno de los chicos fijamente, cabreándome cada vez más
al no obtener respuesta.
-¿Quién fue qué?-Respondió otro enarcando
una ceja. Se veía que su única neurona no les daba para mucho.
-Quién… Narices pegó a Liam.
Quiero que me lo digáis. Ahora.-Solté en el tono más frío y amenazante que
pude. Súbitamente, todos se echaron a reír y me rodearon formando un círculo,
que se estrechaba cada vez más, haciéndome sentir insegura.
-Así que tienes que defender al
niño de papá, ¿eh?- Uno de los chavales se acercó a mí más aún y cogió un
mechón de mi pelo.
-No me toques.-Dije tajante
mientras le daba un golpe en el brazo, haciendo que se apartara de mí.
-¿Y qué nos vas a hacer?-Preguntó
un segundo, agarrando mi muñeca.
-He dicho que no me toques.-Solté
un puñetazo directo a su barbilla, haciéndole una raja en el mentón. Al parecer
mis anillos también cortaban.
-Te vas a enterar, zorra.
Al instante noté cómo dos de los
tipos que estaban rodeándome me cogían por los brazos, poniéndome frente al que
había golpeado, que me propinó un puñetazo en el estómago.
Me doblé del dolor, pero en
seguida solté una patada directa a sus partes bajas, provocando su caída al suelo.
Retorcí los brazos para soltarme de esos dos chicos, y les asesté un golpe en
la cara. Pensaba que no iba a recibir ningún otro puñetazo cuando un golpe seco
en la espalda me dejó sin respiración y me caí al suelo. Joder, ¿por qué no
podía poner a prueba lo que me había enseñado Liam? Noté como dos brazos me
rodeaban el tórax y me levantaban rudamente del suelo.
Empecé a lanzar puñetazos y
patadas al aire, asestando golpes inconscientemente, pero sin conseguir soltarme.
-¡Suéltame!-Grité desesperada.
Estaba empezando a ahogarme, el que me tenía cogida no hacía más que aumentar
la presión de sus brazos contra mi pecho.- ¡Que me sueltes joder!
Eché el codo para atrás,
calvándoselo a aquel tipo en el pómulo.
-¡Joder!-Gritó ante ese golpe, y
me soltó.
Intenté correr, salir de ese
círculo, pero me cerraban el paso allá donde fuera. Lo único que sentía era
dolor a cada puñetazo, patada o empujón que me daban. Y lo peor era que estaba
tan aturdida que no podía defenderme.
-¡Dejadla en paz!-Gritó una voz
ronca, y vi como uno de los chicos caía al suelo. Al instante reconocí esa voz.
Era Harry, el novio de Brooke.
-¡Harry!-Dejé escapar un grito
ahogado mientras me zafaba de uno de los matones y me lanzaba a los brazos de
Harry.
-No pasa nada.-Me susurró
mientras me ponía detrás de él.- ¿Qué cojones estáis haciendo?-Gritó
enfurecido.
-Ha sido la zorra esta la que se
ha metido.-Soltó uno a mis espaldas. Entonces exploté. No iba a dejar ganarme,
y le solté un puñetazo, dejándole un ojo morado. Entonces vinieron a por
nosotros. Harry se defendía muy bien, mucho mejor que yo. Asestaba puñetazos y
patadas a todos y cada uno del grupo, mientras yo me limitaba a ayudarle y
tratar de defenderme.
Entonces apareció. Una scooter negra
antigua apareció en el skate park, una voz gritó mi nombre y entonces todo se
volvió borroso y noté en impacto del asfalto contra mi cuerpo. Se oían gritos,
golpes, insultos. Después unos pasos, el ruido de unas motocicletas alejarse y
un último grito que llevaba mi nombre.
Abrí los ojos y, al principio,
solo veía manchas borrosas. Marrones, verdes, blancos y rojos. Entonces los
borrones se tornaron en figuras definidas, y allí estaban Liam y Harry, quien
tenía los labios sangrando y el ojo morado.
-Gin… ¿E-Estás bien?-Dijo Liam a
punto de un ataque de nervios. Me incorporé dificultosamente y asentí, bajo la
atenta mirada de ambos dos.
Liam me cogió por debajo de los
hombros y me ayudó a levantarme mientras que Harry recogía mis cosas y las
llevaba donde estábamos.
-¿En qué estabas
pensando?-Preguntó Liam con cierto tono de enfado en la voz, mientras que me
miraba con preocupación.
-En ti.-Contesté con un hilo de
voz.- No voy a permitir que nadie te toque, Liam, me da igual a quién tengo que
enfrentarme.-Luego me giré hacia Harry y le sonreí tras susurrar un “Gracias”.
-Y tú.-Soltó Liam mientras
dirigía un dedo acusador hacia Harry.- ¿Qué coño hacías ahí?
-Protegerla.-Harry miró fijamente
a Liam.
-No la pagues con él.-Intervine
yo.- Sólo me ha ayudado, la única que ha hecho algo malo soy yo.
Liam nos miró a ambos dos, hasta
quedarse mirando a Harry, y le dijo con seriedad:
-Será mejor que vayas a tu casa.
Ya hablaremos mañana.
Harry asintió y se dio media
vuelta tras decirme adiós con la mano. Liam me puso frente a él, y mientras que
me sujetaba con una mano examinaba mis moratones con la otra. Me palpitaba la
cabeza, tenía los brazos agarrotados y el labio sangrando. Se podía decir que
no era mi día.
-Gin… Mírame. ¿Por qué lo
hiciste?-Dijo mientras me cogía la cara con las manos y me miraba fijamente a
los ojos.
-Vuelvo a repetir que por ti. No
voy a dejar que unos chulos de mierda te peguen y se vayan de rositas.
-Prefiero que se vayan de rositas
a que te dejen así.
-Estoy bien.-Aparté sus manos de
mi cara y pasé mi lengua por la herida de mi labio.- Sólo necesito un par de
tiritas y una aspirina.
-Y también un médico.
-No voy a ir a un médico por esta
chorrada.
-Pues vamos a tu casa, tal vez tu
madre pueda ayudarnos.
-¿Estás loco? No pienso ir a mi
casa con estas pintas, y menos después de lo que pasó ayer.
-¿Entonces qué sugieres?
Me quedé pensativa mientras Liam
me escrutaba con la mirada.
-El Beatties.-Dije finalmente.-
Es el mejor sitio que conozco.
Liam asintió y me agarró
cuidadosamente de la mano sin mediar palabra. Me subió a la moto y, tras
ponerme el casco, arrancó.
Esta vez era diferente, no dijo
nada durante todo el camino, estaba absorto en sus pensamientos, ni siquiera
cuando llegamos al desván dijo algo, se limitó a sentarme en el sofá y bajó de
nuevo a por algunas vendas y hielo.
Me tumbé boca arriba en el sofá y
me toqué la cabeza con la mano. Realmente me sentía como si me hubieran
martilleado la cabeza durante horas, y el ruido de la moto no había ayudado en
absoluto. Me arremangué la camisa y descubrí un rasguño que me recorría en
antebrazo, y varios moratones alrededor de él. ¿En serio había recibido tantos
golpes? Bueno, me sentía fatal, como si me hubiera pasado una apisonadora por
encima y luego me hubieran recogido con una pala para lanzarme después a la
fosa de los tiburones. Visto así, era normal que tuviera tantas heridas.
-Ponte esto en la cabeza.-Dijo
Liam sacándome de mis pensamientos, mientras entraba por la estrecha trampilla
con un maletín blanco y una bolsa de hielo.
-Gracias.-Respondí
incorporándome, y descubriendo un nuevo dolor en el abdomen. Me puse la bolsa
de hielo el cabeza y miré a Liam, que estaba sacando cosas de aquel maletín.
-Aún sigo sin creerme lo que has
hecho.-Resopló.
-Me enseñaste a pelear, de haber
sido menos habría ganado.
-Pero no lo eran.-Liam levantó la
cabeza y me miró con seriedad.- Y no ibas a poder con una banda de nueve tíos
con cadenas con una estúpida clase de boxeo.
-No es estúpida, ¿me oyes? Es la
mejor clase del mundo. Y habría podido si no me hubieran sujetado.
-Gin, no lo entiendes. No van a
bromear contigo, van a pelear.-Dijo recalcando el “pelear”.- No puedes esperar
que jueguen limpio, y menos gente de esa calaña.
Abrí la boca para quejarme, pero
decidí que lo mejor era no decir nada, no quería que Liam se cabreara más.
-Ven aquí.-Soltó indiferente
mientras sacaba una gasa y la mojaba en agua oxigenada.
-No jodas, que eso escuece.
-Más te va a escocer si no te
curo el corte del labio.
Solté un bufido y me acerqué a
él. Presionó la gasa contra mi labio inferior, hice una mueca de dolor, pero no
la soltó. Entonces empecé a mirarle. Esos ojos marrones chocolate que
desprendían un brillo de picardía y dulzura y que hacían que me enamorara más
de él. Luego estaban sus brazos, esos trabajados bíceps que me hacían sentir la
persona más segura del mundo cuando me rodeaban cariñosamente. Su pelo, peinado
en una cresta en la que tantas veces había hundido mis manos en un periodo tan
corto de tiempo. Sus labios, esos labios rosados que me hacían perder el
control cada vez que entraban en contacto conmigo. Y sus manos, esas manos que
me curaban, me protegían y me producían escalofríos cuando recorrían mi cuerpo.
-¿Qué pasa?-Liam me quitó la gasa
de los labios y yo aparté mi mirada de
él. Dios, que vergüenza.
-N-nada… Gracias por…- ¿Por
curarme? No, eso era poco.- Gracias por todo.
-¿A qué viene eso ahora?-Preguntó
enarcando una ceja.
-No sé, me parecía que era buen
momento.-Mentí.
Liam esbozó una leve sonrisa
antes de decir:
-Eres peor eligiendo momentos que
aceptando cumplidos, ¿sabes?
-Gracias hombre.-Contesté
mientras giraba mi cabeza hacia otro lado, indignada.
-Pero aun así, aunque no me hagas
caso nunca, no sepas aceptar cumplidos, te enfades con facilidad y no sepas
elegir los momentos adecuados, incluso con todo eso, te quiero igual.-Retiró un
mechón de mi pelo detrás de mi oreja y me hizo mirarle a los ojos. Entonces no
pude evitar besarle. Lanzarme encima de él y rodear su cuello con mis doloridos
brazos, mientras la boca me ardía, aunque no sabía muy bien si por la herida o
por el calor que deprendían sus labios.
En ese momento nos encontrábamos
en las mismas que esta mañana, yo sobre él con la camisa por el suelo, mis manos
enredadas en su pelo y sus brazos rodeando mi cintura. Podría pasarme así el
resto de mi vida, en ese sofá viejo, en el desván del Beatties, con él, sin
nada ni nadie que nos molestase. Para siempre.
FIN DEL CAPÍTULO 10
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