El molesto sonido del despertador
se coló en mis oídos como una ruidosa apisonadora que te fastidia las mañanas
de domingo si hay obras en tu calle. La
única diferencia era que hoy era lunes.
Tiré el despertador al suelo de
modo que se apagó completamente, y me di la vuelta para seguir durmiendo cuando
un ruido aún más molesto que el anterior irrumpió en mi habitación.
-¡Vamos, levanta, llegarás tarde
a clase!-Gritó mi a veces insoportable hermano pequeño Jeffrey.
-¿Qué quieres enano?-Dije de mala
gana.
-Que te levantes y me ayudes a
preparar el desayuno, mamá ha tenido que irse antes a trabajar.
Típico, siempre se iba antes los
lunes porque pagaban más si fichabas antes. Mi madre trabajaba en una empresa
de fotografía para modelos, lo único que no hacía las fotos a pesar de su
talento y experiencia, si no que hacía las copias, limpiaba y mantenía ordenada
la oficina y se mataba para que no la echaran de allí. Su jefe era un cerdo
machista, le odiaba con todas mis fuerzas, y sabía que mi madre también aunque
ella lo negara.
Estaba absorta en mis
pensamientos hasta que Jeffrey chasqueó los dedos delante de mis narices y me
retiró la manta de encima.
-Que te levantes, vaga.
-Cállate enano.-Bufé, me levanté
y pasé por su lado mientras murmuraba un “buenos días” apenas audible.
Bajé a la cocina por las
escaleras chirriantes de nuestra casa y abrí la nevera. Saqué un brick de leche,
luego dos vasos y un paquete de galletas del armario. Me serví un chorro de
café en el vaso y me lo bebí de un trago. Ni siquiera me molesté en abrir el
paquete de galletas, apenas tenía hambre.
Justo cuando subía de nuevo a mi
habitación para arreglarme bajó mi hermano ya vestido y con la mochila puesta.
Por lo visto tenía ganas de ir al instituto, no lo entendía. Para mí era como
una cárcel llena de exámenes, profesores amargados y compañeros hipócritas que
te ponen buena cara y te dicen “hola” como si fuerais amigos y luego te ponen a
parir a tus espaldas. Esa gente cruel que me considera un bicho raro, una
estúpida, marginada y más sinónimos que, quieras que no, duelen a lo largo de
los años y crean cicatrices que ya no se pueden curar.
Las clases se hacen soportables
gracias a mi mejor amiga: Barbara. Fue mi único apoyo cuando estaba mal y lo
seguirá siendo para siempre. No la importa lo que la gente diga de ella, si la
insultan cuando va conmigo o luego la ignoran en las demás clases. A veces la
envidio, ya no soy capaz de hacer eso, llevo demasiados años aguantando ese
tipo de burlas y críticas.
De repente una lágrima cae por mi
mejilla al recordar por todo lo que he pasado, pero me la limpio en seguida con
el dorso de la mano. No, tienes que ser fuerte, no permitas que vuelvan a
hacerte daño Ginger. Recupero la compostura y vuelvo a colocarme esa falsa
máscara de “todo me importa una mierda” y “no me duele lo que me digáis”, que
tanto me ayuda en el instituto.
Entro a mi armario y cojo mis
vaqueros rotos, una camiseta básica roja y mi sudadera de Duff negra. Voy al
baño, me lavo lo dientes y la cara, me recojo el pelo con una trenza de lado y
me pongo mis gafas negras.
Bajo las escaleras corriendo,
cojo mi mochila que estaba tirada en el suelo junto a mis converse negras, me
las pongo, cojo mi gorro negro y mi móvil y salgo por la puerta de casa sin
dignarme a esperar a mi hermano, aunque seguramente ya se haya ido.
Salí corriendo por la manzana,
todavía tenía diez minutos de camino corriendo hasta mi instituto y las clases
empezaban en cinco, la semana iba a empezar bien, por las narices.
Llegué jadeando y sudorosa a clase,
donde todos estaban sentados “atendiendo” la explicación de la señora Porter
sobre los átomos de fisión nuclear.
-¿Puedo pasar?-Pregunté desde el
umbral de la puerta buscando a mi amiga Barbara con la mirada.
-¿Quién se cree que es usted para
llegar tarde a todas y cada una de mis clases los lunes por la mañana?-Me
preguntó encarando una ceja en su estúpida y horrible cara redonda.
Me quedé callada y volví a
preguntar si podía pasar, accedió.
Iba rápido hacia mi sitio cuando
la estridente voz de mi profesora me detuvo.
-No se va a sentar al lado de la señorita Saymour,
encima que llaga tarde no voy a permitir que esté de cháchara toda la hora.
Siéntese allí, en la esquina, al lado de Tomlinson.
Bufé y añadí en voz baja:
-A ver si te echan un polvo, que
estás amargada.
Me senté bajo la atenta mirada de
Louis, que sonreía ante mi comentario. Le vi cómo sacaba un trozo de papel y
escribía algo en él, para después pasármelo.
“Buena contestación” leí en
aquella nota. Escribí un simple “gracias” y se la pasé. Louis Tomlinson era el
típico gracioso de la clase, pero lo peor es que nunca me libraba de sus bromas porque era el primo de
mi mejor amiga. No digo que no sea majo y no me caiga bien, pero a veces alarga
demasiado el chiste.
Una nota voló por encima de las
cabezas de toda la clase y aterrizó directamente en mi pupitre. La abrí sin
ninguna duda acerca de quién la había escrito. Barbara tiene muy buena puntería
y reconocería esos pos-its verdes fosforitos a la legua.
Una bonita letra, redonda y
recta enmarcaba la frase de siempre de
los lunes “Has vuelto a llegar tarde. ¿Esta vez qué es?” Escribí lo de siempre,
me había dormido. Era una excusa tan poco creíble que mi amiga ni siquiera se
molestaba en insistir para que la contara el motivo de mi demora.
Justo cuando lanzaba la nota a
Barbara otra aterrizó de nuevo en mi estuche.
“Me dejas los apuntes de física y
te los devuelvo a la salida? ;)”. Otra vez Lou, no entendía su repentina
simpatía cuando hace una semana apenas nos dirigíamos la palabra. Contesté con
un “ok” y un smile y le pasé los apuntes a la vez que lanzaba la nota. No les
necesitaba, ni siquiera iba a estudiar la asignatura de la Porter.
Creo que me quedé dormida porque
ni me enteré de cuándo sonó el timbre hasta que mi amiga chasqueó los dedos
delante de mí, haciendo que me espabilara.
-La bella durmiente debería tomarse
las clases más en serio.-Dijo poniendo morritos.
-Las clases de una bruja nunca se
toman en serio-Respondí yo dibujando una media sonrisa en mi cara.
-¿Te vienes esta tarde con Zayn,
Lou y los demás a la pista de skate?
-No sé, no pinto nada con vosotros…-Dije
Levantándome de la silla.
-No seas estúpida, mi primo te ha
pedido los apuntes por algo.
-¿Qué?-Pregunté elevando una
ceja.
-Que yo le dije que te los
pidiera para que no tuvieras más remedio que encontrarte con nosotros a la
salida, así no te escabullías del plan.-Dijo sonriente.
-Te odio. Pero si no me queda más
remedio…-Hice una breve pausa para mirarla de arriba abajo, iba súper mona, con
falda y americana, y yo en vaqueros.- ¿Puedo ir así? Es decir… Mírate y
mírame.-Añadí comparando nuestra ropa.
- Las dos vais preciosas.-Dice
una voz detrás de nosotras. Barbara se
da la vuelta y se lanza sobre el cuello del recién llegado: Zayn Mailk, el
chico al que todas desean pero que solo mi amiga puede tener.
-Gracias amor, pero sabes que
no.-Dice Barbara modesta.
-Hola Ginger.-Dice Zayn
sonriendo.- Espero verte esta tarde. ¿Vendrás no?
Me quedé cortada, ¿ahora Zayn
también iba a venir de amiguito? Todo esto era muy raro. Aun así, puse mi mejor
sonrisa y dije:
-Claro, será divertido.
-Genial, pues nos vemos
allí.-Miró a Barbara, la plantó un beso en los labios y añadió:
-Te quiero.
-Y yo a ti Malik.
Cuando se hubo ido, miré a
Barbara con una sonrisa pícara y dije:
-Mira la Barbie, como liga con su
Ken.
-Idiota.-se echó a reír y me
preguntó:
-¿Y tú? ¿Cuándo vas a encontrar a
tu príncipe?
De repente se oyó un “Las zorras
no los encuentran, los pagan”, me giré y dije:
-Eso lo sabrás bien, como pagas
por una todas las noches.
Me giré de nuevo hacia mi amiga,
que miró por encima de mi cabeza y añadió un “subnormal” que seguramente oyeron hasta los profesores de
la clase de enfrente.
Miré a mi amiga y murmuré un
“gracias” tras dedicarla una media sonrisa. Justo en ese momento sonó el timbre
de la clase siguiente, entró el profesor y me dormí lo que quedaba de mañana,
no había empezado bien el día, y estudiando no iba a arreglarlo.
Cuando por fin sonó la última
campana de clase, que significa la libertad, todos salieron corriendo menos
Barbie y yo, que nos tomamos nuestro tiempo para recoger nuestras cosas.
-¿Emocionada?-Preguntó Barbie
mientras metía su libro de Hamlet en la mochila.
-¿Debería?-Respondí yo.
-Claro. Mis amigos están libres,
pero Zayn es mío ¿eh?
-No me interesan tus amigos,
estoy muy bien sola, pero gracias por la información.-Respondí guiñándola un
ojo y colgándome la mochila al hombro.
-¿Vamos?-Me dijo mi amiga
ofreciéndome su brazo una vez que ha recogido su mochila.
-Vamos.-Asiento yo.
FIN DEL CAPÍTULO 1
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